Los accidentes y las distracciones son elementos que suelen ir relacionados. En muchas ocasiones una leve distracción mientras conducimos puede tener consecuencias gravísimas para nosotros, los que viajan con nosotros y los demás usuarios de la vía. Conducir un vehículo a motor de la clase que sea genera un riesgo, y ello implica que debemos poner alerta todos nuestros sentidos y evitar incurrir en distracciones que pueden desembocar en un accidente de tráfico.

Los conductores experimentados aprovechan un desplazamiento en coche en numerosas ocasiones, para compaginarlo con otras actividades, como comer o beber en el coche, o hablar por teléfono. Todo ello son factores de riesgo que pueden provocar accidentes.

El RACE realizó un estudio que demostraba que la mitad de los accidentes que se saldan con víctimas mortales han tenido su origen en una distracción.

¿Cuáles son las principales distracciones?

 

  1. La utilización de los teléfonos móviles: sabemos que está prohibido y todavía vemos conductores utilizándolos mientras conducen. Sea hacer una llamada o contestar un whatsapp, son segundos que multiplican por cuatro la posibilidad de sufrir un accidente.
  2. Manipular los dispositivos del coche: cambiar un CD, o la emisora de radio, utilizar el navegador o manipular cualquier elemento del coche (por ejemplo los climatizadores o los elevalunas) pueden distraernos momentáneamente, provocando una salida de la vía o una invasión del carril contrario sin darnos cuenta, con las consecuencias que ello puede tener.
  3. Los propios ocupantes de un vehículo: sobre todo si viajamos con niños que van en los asientos traseros, tenemos tendencia a mirar por el espejo retrovisor como se encuentran, o mirar atrás para llamarles la atención, e incluso discutir con el ocupante, nos provocan distracción más que suficiente para en un segundo, perder el control del vehículo.
  4. Sueño, cansancio en la conducción: En especial en periodos vacacionales o puentes, e incluso en fines de semana, queremos llegar cuanto antes a nuestro destino, lo que implica que muchas veces no optamos por parar si nos entra sueño o estamos cansados, y mucho menos cumplimos con la recomendación de detenernos en trayectos largos cada 200 kilómetros a estirar las piernas o tomar un café. Conducir con sueño o estando cansados propicia la falta de atención y la posibilidad de quedarnos dormidos al volante, con las graves consecuencias para nosotros y los demás usuarios de la vía que conlleva esta actitud.
  5. El estado anímico del conductor: en numerosas ocasiones utilizamos el tiempo en el que vamos conduciendo para pensar en los problemas, laborales o personales, y ello nos lleva a distraernos, puesto que nuestra cabeza no está atenta a las circunstancias del tráfico, y ello provoca que ante cualquier cambio o maniobra que hubiera que hacer ante una situación de potencial peligro, estaríamos menos preparados para reaccionar, lo que puede conllevar sufrir un accidente.
  6. Alcohol, fármacos, o drogas: conducir bajo los efectos del alcohol, o drogas, no solo suponen un delito contra la seguridad vial, sino que provocan que el conductor no se encuentre en plenas facultados para ponerse al mando de un vehículo, multiplicando las posibilidades de tener un accidente.

Los mejores consejos, cuando nos ponemos al volante, son mantener la cabeza despejada y encontrarnos en condiciones optimas para conducir, evitar utilizar dispositivos móviles y elementos que puedan distraer nuestra atención, detenernos en los viajes largos cada dos horas para descansar la vista y movernos, y conducir con ambas manos en el volante. No podemos olvidar que pese a la confianza que podamos tener en nosotros mismos porque llevemos muchos kilómetros recorridos y tengamos muchos años de carnet, conducir supone manejar una máquina potencialmente lesiva si no la utilizamos en condiciones óptimas, y el peligro no solo es para el conductor, sino también para el resto de los usuarios de la vía.