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Nadie está preparado para superar la pérdida traumática en un accidente de un ser querido. Hay muertes esperadas y otras que nunca tendrían que suceder.

Cuando el fallecimiento es por ley de vida, una persona mayor o alguien que lleva enferma un tiempo, podemos estar relativamente mentalizados ya que sabemos que ocurrirá

Pero cuando ese fallecimiento no está previsto, la cosa cambia. Y en un accidente de tráfico la pérdida por muerte traumática es brutal, súbita, repentina, dolorosa y dramática.

El mundo se cae. La familia se rompe y una parte de ese status quo natural deja de existir de repente. Toca aprender a vivir una vida que a partir de ese momento va a ser diferente porque ese ser querido ya no está. Y no es nada sencillo.

Desde Legalcar, despacho de abogados especializado en la atención a víctimas de accidentes de tráfico, nos cuentan desde su Departamento de atención a los familiares de fallecidos que viven muy de cerca el proceso doloroso y difícil al que tienen que enfrentarse tras un accidente de circulación en el que pierden a uno o varios seres queridos.

En palabras de Jorge Jabalquinto, Director de Legalcar, “Son situaciones de impacto que suponen un verdadero drama para los familiares del fallecido, que van a necesitar mucha ayuda para superar un trance doloroso al que se tienen que enfrentar de repente y sin previo aviso”.

El después

Cuando fallece una persona cercana a nosotros de una forma traumática como en un accidente, se produce una ruptura que conlleva la aparición de una nueva situación inesperada. Esta comienza por una incapacidad para procesar esa información y mucho dolor. Un dolor nuevo, diferente, que no conocemos ni sabemos cómo afrontar.

“Lo repentino del accidente de tráfico conlleva una gran dificultad para encajar las consecuencias a todos los niveles que provoca la muerte de un familiar, y asumir una situación desconocida hasta el momento sin apenas tiempo para asimilarla”

Comienza así la búsqueda de respuestas a nivel emocional para enfrentarse a los sentimientos que nacen de esa pérdida y superar una etapa que requiere de apoyo tanto familiar como profesional.

Para hacer frente a la situación, los familiares de los fallecidos necesitan ayuda, tanto para superar el dolor ocasionado por la pérdida como para tramitar todo el proceso que se pone en marcha tras la muerte de la víctima. Así como para determinar las responsabilidades económicas y legales derivados del accidente sufrido.

Jorge Jabalquinto apunta que “los familiares la víctima fallecida en un siniestro necesitan, por un lado, la ayuda de especialistas para recibir la guía legal y de gestión de todos los trámites tras una pérdida traumática. Y por otro, la de psicólogos especialistas en procesos de duelo que les enseñen a superar la muerte repentina y no esperada del ser querido

Las fases del duelo

El proceso de duelo, como su nombre dice, es un proceso doloroso provocado por una pérdida, ya sea humana o de status. En este caso, se trata de un duelo por un fallecimiento inesperado en un accidente de tráfico.

No hay dos duelos iguales. Cada persona tiene una forma de enfrentarse a la pérdida, en una etapa que puede ser más o menos larga, pero que es necesaria para recuperarse y asumir la nueva realidad que le toca vivir.

Tradicionalmente, se considera que el duelo pasa por cinco fases, según el modelo elaborado por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Rossen:

  • Negación: negamos la realidad de que ese ser querido ya no está con nosotros porque ha fallecido. Nos ayuda a mitigar la brusquedad del cambio en nuestro estado de ánimo provocado por la pérdida.
  • Ira: aparecen la rabia y el resentimiento, que desemboca en una tristeza profunda porque la muerte no tiene solución, y ello provoca frustración y un deseo de enfadarnos con “el mundo”. Incluyendo a cualquiera que tengamos alrededor, aunque sepamos que no tienen culpa de nada.
  • Negociación: nos preguntamos qué habríamos podido hacer para evitar esa pérdida e imaginamos que retrocedemos en el tiempo y no ha ocurrido nada. Es una etapa efímera porque enseguida se impone la realidad de lo que ha pasado.
  • Depresión: donde nos invade la tristeza porque nos damos cuenta de que ese ser querido ya no está y tomamos conciencia de que ha fallecido y tenemos que enfrentarnos a la realidad que supone vivir sin ella.
  • Aceptación: donde asumimos que el fallecido ya no estará con nosotros y el dolor se va reduciendo, empezando a reorganizar nuestra vida sin su presencia, pero recordando su ausencia.

Jorge Jabalquinto indica que “en el desarrollo de nuestra labor de ayuda legal a las familias de fallecidos por accidentes de tráfico vamos viendo, durante el proceso de trámite, la evolución de los familiares de la víctima, y comprobamos en nuestra relación con ellos cómo no todos pasan por todas las etapas del duelo ni en el mismo orden. Algunos encuentran mucho consuelo en los rituales propios de estos momentos, como el velatorio, el entierro o la incineración”

La ayuda psicológica

Cuando se rompe en dos el mundo de los familiares de un fallecido en accidente de tráfico se produce una alteración en todos los ámbitos: personal, familiar, laboral y económico.

La rapidez con que ocurre una muerte violenta e inesperada obliga a los familiares a tener que asimilar en poco tiempo un nuevo escenario que se impone dolorosamente tras la pérdida y una situación nueva con la que tienen que reconciliarse y aprender a vivir.

“Los síntomas de dolor, ansiedad, tristeza e incluso miedo se pueden ir reduciendo con el tiempo y la ayuda psicológica especializada, encaminada a orientar a las familias de los fallecidos en un momento de especial vulnerabilidad”.

Pero a veces, el apoyo psicológico tiene que prolongarse en el tiempo, con tratamientos más largos que permitan el control periódico del paciente para comprobar su progresión cuando no se ha producido ninguna mejoría y el proceso acaba derivando en trastornos más crónicos como la depresión o el estrés postraumático.

Cómo superar la pérdida

Aprender a vivir con ello. Afrontar la vida después de perder a un familiar fallecido en un accidente de tráfico no es fácil. Requiere de ayuda psicológica especializada para acompañar y guiar a los familiares en un proceso duro y doloroso, que llega de forma repentina, y que no es previsible en ningún caso.

En el camino aparecen problemas asociados a la vuelta a la rutina y la vida normal, relacionados tanto con el ámbito laboral (vuelta al trabajo y a las obligaciones profesionales) como en el ámbito social, interpersonal y familiar. Y para algunas personas, no querer admitir ese dolor provocado por la muerte del ser querido se manifiesta en tratar de evitarlo volviendo cuanto antes a su vida habitual, como una excusa para no tener que pensar en lo que ha sucedido.

La ayuda psicológica es necesaria e inmediata cuando la muerte ha sido repentina (como en un accidente de tráfico) y no te sientes capaz de seguir adelante con tu vida (un instante lo cambia todo).

Pero también debes recibirla y tratarte cuando no quieres admitir la situación y tratas de volver a tu rutina habitual para no pensar en ello. En estos casos el tratamiento puede prolongarse en el tiempo y requerir asistencia a medio-largo plazo según la evolución del proceso de duelo.

En esos primeros momentos tras conocer el desenlace del suceso, que generan impotencia, dolor y tristeza, “se ve muy dificultada la capacidad reflexiva de los familiares para tomar decisiones relacionadas con la tramitación del proceso asociado al accidente de tráfico, por lo que la ayuda psicológica especializada es fundamental para afrontar la situación y guiarles en la recuperación del equilibrio perdido en sus vidas”, apunta Jorge Jabalquinto.

Con el paso de tiempo asumimos que a partir de ese momento nos toca vivir en un mundo en el que ya no está el ser querido que hemos perdido. Acabamos reconciliándonos con la realidad y encontrando la estabilidad perdida temporalmente con el hecho traumático vivido.

Las secuelas psicológicas después de un accidente de tráfico

En un proceso de reclamación por un accidente de tráfico no hay que olvidar las secuelas psicológicas, que deben ser indemnizadas junto al resto de conceptos a los que la víctima (o sus familiares, en caso de fallecimiento) tiene derecho. Y al tratarse de algo subjetivo, son secuelas rara vez reconocidas por las compañías.

Estrés postraumático

El estrés es una preparación cerebral que tenemos las personas para afrontar situaciones de alarma, generando una serie de hormonas que nos hacen estar preparados para un tipo de situación fuera de lo normal. Aunque no cesa nada más terminar ese “peligro” sino que seguimos un poco activos, en ese estado de alerta.

Como tal, el estrés en sí no es malo, es una preparación o disposición que depende de distintos elementos y tiene distintas intensidades, y que hay que valorar cómo puede afectar en la vida de la persona o cómo se puede vivir con ello.

Decimos que el estrés es traumático cuando aparece después de vivir un episodio dramático en la vida, como es la muerte violenta de un familiar en un accidente de tráfico, y genera una dificultad para enfrentarnos al día a día que no se pasa con el tiempo.

Los síntomas asociados al estrés postraumático pueden incluir ansiedad, pesadillas, miedos, incapacidad para recordar detalles del hecho (por ejemplo, cuando en un accidente viajan varios miembros de una familia y unos mueren y otros no), pérdida de interés para relacionarse, dificultad para dormir, o irritabilidad, entre otros.

En algunos casos se denomina “duelo agudo”. Permanece como una huella de lo que ha ocurrido, lo que genera en una incapacidad de la persona para adaptarse y hacer frente a la nueva situación y un bloqueo permanente.

Para tratarlo, es fundamental la ayuda psicológica especializada y cuanto antes mejor. Esta va a incluir una combinación de fármacos y psicoterapia.

“Se trata de una secuela muy habitual en los familiares de grandes lesionados y fallecidos en accidentes de tráfico, que, sin embargo, se ha visto afectada por los cambios introducidos en el nuevo Baremo de Tráfico en 2016, al haber desaparecido en la nueva normativa” indica Jorge Jabalquinto, quien recomienda, no obstante, reclamarla en una indemnización siempre y cuando esté apoyada y justificada documentalmente en informes médicos de especialistas.

El estado psicológico de los familiares del fallecido

El proceso para superar la muerte en accidente de tráfico de un ser querido no afecta por igual a todas las personas. Cada uno tenemos nuestra propia manera de interiorizar la pérdida sufrida. Es ahí donde intervienen los profesionales que tratarán de entender qué es lo que pasa y cómo se siente cada uno de los familiares más directos del fallecido.

Una pérdida que les rompe la vida en dos, pero que afecta a cada miembro de la familia de manera diferente. La ayuda entre los propios miembros de la unidad familiar también es muy importante en estos casos, para conseguir, apoyándose unos a otros, superar el trance y afrontar la vida de ahí en adelante con la ausencia del ser querido fallecido.

“Hemos vivido momentos muy duros en accidentes en los que fallece una persona joven o un niño, porque para un padre o una madre es muy difícil asimilar la pérdida de un hijo que va contra natura cuando muere antes que ellos”, apunta Jorge Jabalquinto.

Indemnización por lesiones psicológicas

En una reclamación por accidente de tráfico, además de la indemnización por los daños personales, debe valorarse la existencia de daños psicológicos, que en ocasiones pueden ser de mucha más gravedad que los propiamente físicos.

Cuando corresponda reclamar la indemnización, deberá incluirse la parte correspondiente a daños psicológicos, que deben valorarse como otro de los perjuicios ocasionados por el siniestro.

Para reclamar indemnización por daño psicológico derivado de un accidente de tráfico, es necesario contar con informes médicos de especialistas que detallen todos los daños sufridos. Así como el tratamiento que se ha puesto al perjudicado por el psicólogo o psiquiatra que le ha hecho el seguimiento.

Para el cálculo de la indemnización por este concepto debe computarse el tiempo que ha tardado el paciente en recuperarse, incluyendo toda su evolución hasta recibir el alta médica (síntomas, diagnóstico y tratamiento), y si después de la misma han quedado secuelas, éstas también deben valorarse e incluirse en la reclamación.

“Muchos de estos tratamientos psicológicos a las víctimas o familias de los fallecidos tienen un coste que los propios perjudicados se ven obligados a pagar de su bolsillo, y que deben también reclamarse a la compañía de seguros como perjuicio patrimonial provocado por el accidente”, concluye el Director de Legalcar.