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Te explicamos lo que debes tomar en cuenta para calcular la indemnización por atropello, la importancia de las secuelas y los requisitos para la reclamación.

Los atropellos se han incrementado en los últimos años, siendo un tipo de accidente de tráfico que en términos generales provoca lesiones de gravedad a los peatones, que reciben directamente la fuerza del impacto en su propio cuerpo.

En las vías urbanas, los atropellos se producen, en la mayoría de los casos, en los pasos de peatones, pero también ocurren fuera de los mismos y han aumentado en zonas como el carril bici.

HORQUILLA SEGÚN LA RESPONSABILIDAD

La indemnización por atropello no siempre es fácil de reclamar, pues en un accidente de este tipo intervienen muchos factores que hay que tener en cuenta para determinar la responsabilidad y si hay derecho y en qué cuantía.

La responsabilidad es el primer punto que debe quedar muy claro a la hora de reclamar por atropello, y esto es así porque si el peatón atropellado es culpable exclusivo del accidente, en principio no podrá reclamar.

Y decimos en principio, porque en un atropello, incluso cuando el peatón cruza por lugar indebido, es posible, según el caso, reclamar.

Así, si el responsable absoluto del atropello es un vehículo, motocicleta, bicicleta o cualquier otro medio de transporte, y está perfectamente acreditado, se podrá reclamar la totalidad que le corresponda a la víctima. El ejemplo típico de este caso es un atropello en un paso de peatones.

Pero hay veces que puede haber una responsabilidad de ambas partes, y entonces la horquilla varía, porque la misma va a estar en función del porcentaje de culpa de cada parte implicada en el siniestro.

Un ejemplo de estos casos es el supuesto en el que el peatón cruza fuera del paso de peatones, pero el vehículo circula con exceso de velocidad y se trata de una zona con visibilidad, lo que implica que, de haber ido a la velocidad adecuada, podría haber frenado a tiempo y evitar el atropello.

Los Atestados de la Policía o Guardia Civil, y los testigos presenciales, son dos de las pruebas más importantes para acreditar frente a la aseguradora la responsabilidad del contrario, y poder reclamar por atropello que corresponda.

LA GRAVEDAD DE LAS SECUELAS

Como es natural, el importe a percibir por la víctima va a depender de las lesiones que haya sufrido. No es lo mismo sufrir un esguince cervical o una lumbalgia al caer, por ejemplo, sobre el capó del coche que nos atropella, que sufrir una fractura de cadera a consecuencia del impacto.

Por tanto, la mayor o menor gravedad de las lesiones y las secuelas que puedan quedar a la víctima son factores que van a intervenir de manera decisiva en la cuantía a reclamar a la aseguradora del responsable.

Cuanto más graves sean las secuelas, mayor número de puntos tendrá la víctima por las mismas, y más subirá.

En muchas ocasiones los atropellos provocan lesiones graves o muy graves. Ello supone que la víctima tarda en curar largos periodos de tiempo, que pueden implicar días de hospitalización, operaciones médicas, inmovilización, baja laboral y mucha rehabilitación para recuperar movilidad.

Cuando la víctima recibe el alta médica es cuando se constata la existencia de secuelas, es decir, dolores o limitaciones funcionales que permanecen en el tiempo, por un lado, y secuelas estéticas si el atropello ha provocado heridas, laceraciones, quemaduras o abrasiones, o incluso cicatrices derivadas de intervenciones quirúrgicas.

En la mayoría de las ocasiones, la compañía de seguros realiza ofertas muy por debajo de lo que realmente corresponde a la víctima. Y normalmente recorta en las secuelas, bien porque algunas no las reconoce, bien porque las puntúa muy bajas.

Por eso es recomendable, cuando se han sufrido lesiones de gravedad, contar con una pericial médica, para que un perito ajeno a las compañías y experto en valoración del daño corporal, recoja todas las secuelas que han quedado a la víctima, y las valore de menara justa y acorde con el estado en el que queda el perjudicado tras el alta médica.

¿QUÉ NECESITO?

El primer paso es acreditar la culpa o responsabilidad, como hemos visto. Para ello es fundamental contar con un Atestado o Parte de Accidente y con testigos presenciales del accidente que puedan manifestar cómo ha ocurrido el atropello.

Si se trata de un atropello con posible culpa compartida, hay ocasiones en las que es necesario contar con otros elementos probatorios, como puede ser un perito reconstructor de accidentes que estudie la dinámica del siniestro y demuestre quien ha sido el culpable del mismo.

Por otro lado, es necesario acreditar las lesiones y daños sufridos. Esto se consigue con la documentación médica del lesionado, que incluye informes de los servicios de emergencias, de urgencias del Hospital, del traumatólogo, del médico de cabecera, y de rehabilitación.

Cuando las lesiones son graves es muy importante contar con otras pruebas diagnósticas, como resonancias, TAC o ecografías, sobre todo para acreditar después la existencia de secuelas que tienen que ser indemnizadas por la compañía.

Si además de las lesiones hemos sufrido daños en objetos que portábamos en el momento del atropello, se puede reclamar la reparación o restitución de los mismos, con facturas o presupuestos de arreglo, fotografías, etcétera.

Por último, para reclamar el perjuicio patrimonial, necesitamos recopilar cuanta documentación sea necesaria para acreditar tanto el lucro cesante (perjuicio económico derivado del accidente, como recortes en la nómina por estar de baja laboral) como el daño emergente (gastos de farmacia, facturas de pruebas médicas o de rehabilitación, taxis, etcétera).