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El accidente de tráfico por descuido por desgracia es muy común en nuestras carreteras. Cada vez son más los conductores que se distraen y que prestan más atención al móvil o a la música que a la conducción, y ello genera situaciones de riesgo que en muchas ocasiones derivan en un accidente de tráfico, causando daños materiales y personales a otros usuarios de la vía.

ACCIDENTE POR DESCUIDO

El número de accidentes de tráfico se ha vuelto a incrementar en los últimos años, pese a las numerosas campañas en medios de comunicación que se realizan constantemente para instar a los conductores a extremar al volante todas las medidas de precaución posibles de cara a evitar situaciones que puedan derivar en un siniestro.

Dentro de esas campañas de atención sobre la conducción, la Dirección General de Tráfico ha hecho mucho hincapié en algunas conductas, muy habituales por otra parte, que generan ya de por sí esa situación de riesgo en la conducción.

El accidente por descuido se produce, principalmente, por falta de atención de los conductores, y esa falta de atención puede producirse por muchos motivos, la mayoría de ellos conocidos por los usuarios de cualquier medio de transporte, lo que sin embargo no evita que dichas conductas se sigan produciendo de manera habitual.

Lo que debe tenerse en cuenta siempre, es que, si el descuido es imputable al conductor de modo exclusivo y con su conducta provoca un accidente de tráfico, su responsabilidad va a ser exclusiva, y, por tanto, no va a tener derecho a reclamar alguna por los daños y perjuicios sufridos.

Quienes sí tendrán derecho a reclamar serán las víctimas no culpables de ese accidente causado por un descuido del conductor, incluyendo los ocupantes del vehículo culpable, como después veremos.

¿CUÁLES SON?

Los principales descuidos se producen en el marco de conductas muy habituales por parte de los conductores, y la mayoría de ellas se realizan a sabiendas de que no están permitidas. Algunos de los casos más frecuentes son:

  1. Conducir de manera distraída y desatenta, lo que se realiza cuando se circula con actitudes tales como hablando por el teléfono móvil, comiendo en el coche, enviando mensajes de whatsapp o manipulando la radio o cualquier aparato electrónico en el vehículo. En ocasiones, otras conductas tan simples como mantener una discusión acalorada mientras se conduce, o distraerse con los ocupantes el asiento trasero (por ejemplo, muy habitual es el caso de los niños que gritan o se pelean), pueden provocar distracciones que deriven en un accidente.
  2. Conducir de manera temeraria o con exceso de velocidad: muchos conductores circulan de manera agresiva al volante, realizando maniobras no permitidas (por ejemplo, cambiarse de carril de forma distraída), o circulando a más velocidad de la permitida (en ocasiones vamos más deprisa sin darnos cuenta al ir distraídos hablando con los otros pasajeros del vehículo), lo que disminuye el tiempo de reacción y aumenta la distancia de frenado.
  3. Las circunstancias meteorológicas también provocan descuidos: mucha lluvia, no llevar cadenas por descuido cuando se circula por zonas de montaña o con avisos de fuertes nevadas, ir distraído y no apercibirse de placas de hielo en la carretera, etcétera.
  4. El alcohol y las drogas:  pese a que la mayoría de los conductores conocen la prohibición de circular bajo los efectos de las drogas y el alcohol, muchos se descuidan pensando que por tomar dos vinos no van a dar positivo, o que si pasa un tiempo hasta que se coge el coche los efectos adversos van a desaparecer, cuando lo cierto es que se pierden capacidades de concentración y reflejos que a la menor distracción puede provocar un accidente.
  5. Conducir de noche o con sueño: en estas circunstancias deben extremarse las medidas de precaución. De noche es más fácil descuidarse, en ocasiones porque estamos cansados, hay que fijarse muy bien porque hay menos visibilidad, pueden deslumbrarnos los faros de otro coche, etcétera. El sueño también es muy peligroso, ya que podemos descuidarnos muy fácilmente estando cansados, y no prestar la atención debida a las circunstancias del tráfico.

¿CÓMO SE PRODUCEN?

Los accidentes por descuido pueden producirse de muchas maneras, siendo las más habituales los denominados alcances traseros. Situaciones muy comunes de este tipo de alcances son las colisiones a baja velocidad de un vehículo a otro que se haya detenido en un semáforo en fase roja, o en un paso de peatones debidamente señalizado, o incluso a la entrada de una rotonda.

En muchos de estos casos el conductor que golpea por detrás circula de manera distraída, y un descuido en este sentido como no guardar la distancia de seguridad con el vehículo que nos precede o circular por encima de la velocidad permitida en ese tramo, pueden provocar el accidente.

Otros descuidos del conductor pueden provocar siniestros tales como las salidas de la vía, bien por no ir atentos al estado de la carretera (hielo o nieve), porque se cruza un animal y al estar distraídos no podemos evitarlo, o hay una retención brusca que provoca aglomeraciones o colapsos de vehículos.

Otros descuidos habituales que pueden provocar accidentes se producen por una falta de atención de los conductores a las señalizaciones de tráfico, como puede ser una zona de obras donde hay que reducir la velocidad, una curva pronunciada, o un cruce.

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

Hay que tener en cuenta que, si el accidente provocado por un descuido solo provoca daños al conductor, y este es el único culpable, no va a poder reclamar, al ser el responsable del siniestro.

Si con el conductor culpable viajan ocupantes, éstos podrán reclamar siempre  que les pueda corresponder a la compañía de seguros del vehículo en el que viajan, sea cual sea la causa del siniestro.

Y para el supuesto del conductor que por un descuido provoca un accidente y causa daños y perjuicios a otros usuarios de la vía, su aseguradora tendrá que hacerse cargo de los mismos, indemnizándoles tanto por daños personales como por daños materiales, de acuerdo a lo dispuesto en el baremo de tráfico.