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Ignacio Tremiño Gómez, nacido en Valladolid el 29 de enero de 1966, es un político español que fue Diputado en el Congreso de los Diputados durante la XII Legislatura; desde 2012 hasta 2016.

Se licenció en Derecho por la Universidad Oberta de Cataluña y fundó la asociación ASPAYM Castilla y León antes de unirse al mundo de la política a través del Partido Popular. Con el que fue Concejal en Valladolid entre 1999 y 2000.

En el año 2012 fue nombrado Director General de Políticas de Apoyo a la Discapacidad del Ministerio de Sanidad y también fue Director del Real Patronato sobre la Discapacidad.

Actualmente Ignacio Tremiño (Nacho, como le gusta que le llamen) trabaja como Director de Relaciones Institucionales de ILUNION y es reconocido como uno de los máximos exponentes de la lucha por los derechos de los discapacitado en nuestro país.

Para LegalCar Abogados es un privilegio contar con su testimonio para poder conocer el estado de los derechos de los discapacitados en la España actual y vislumbrar aquellas políticas que se necesitan para seguir rompiendo obstáculos y barreras.

 

¿QUIÉN ES IGNACIO TREMIÑO?

JORGE.- Encantado de saludarte, ¿cómo estás? Un placer estar contigo y muchas gracias por la entrevista y por participar en nuestra iniciativa. Quiero empezar por definirte, ¿quién es Ignacio Tremiño?

IGNACIO.- Ignacio es una persona normal, como tú, como cualquier otra persona. Tengo 54 años y llevo 29 en silla de ruedas. Es decir, tuve un antes y un después de mi accidente.

Aunque es verdad que la silla de ruedas está vinculada a mi vida, yo creo que soy como cualquier otra persona normal y corriente. Estudié mi carrera, he trabajado en muchas cosas, he estado en movimientos asociativos de personas con discapacidad, también en el mundo de la empresa y en el mundo de la política como comentaremos luego.
Y ahora estoy otra vez en la empresa privada.

 

JORGE.- Estudiaste derecho, además. Es una vocación que compartimos. ¿Cómo empezaste a estudiar Derecho? ¿Qué te llevó a estudiarlo?

IGNACIO.- Sorprendentemente soy el pequeño de seis hermanos y la verdad es que el Derecho no estaba en mis planes. Me habría gustado estudiar periodismo u otra carrera. Pero, al final, por circunstancias de la vida me matriculé en Derecho. Lo empecé en Madrid y después me trasladé a Valladolid, mi ciudad natal. Tuve el accidente en segundo de carrera y abandoné los estudios por varios años porque me dediqué en cuerpo y alma en recuperarme y rehabilitarme.

Después retomé los estudios en la Universidad a distancia. Mi madre decía que antes estudiaba a distancia de los libros y después, para terminar la carrera, a distancia de la Universidad. Pero siempre a distancia.

 

¿CÓMO NACIÓ SU VOCACIÓN POR LA POLÍTICA?

JORGE.- ¿En qué momento nace tu vocación hacia el carácter público, hacia lo que es la política?

IGNACIO.- Después de un año hospitalizado en dos hospitales diferentes, primero en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo y luego en un hospital de lesionados medulares de Inglaterra, al incorporarme a la vida normal abandoné los estudios porque me dediqué a rehabilitarme.

Por la tarde, como soy hijo y nieto de joyeros, vendía joyería y me fue bastante bien. En ese momento me llamó una amiga de mi ciudad que también se había quedado en silla de ruedas para juntarnos cuatro o cinco personas con la idea de montar una asociación. Yo pensaba que me iba a ocupar menos tiempo pero al final constituimos ASPAYM Castilla y León, asociación que ya existía a nivel nacional gracias al Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo. Recuperamos los usuarios que había de Castilla y León, que eran 114. Convocamos una asamblea y empezamos a andar.

Fue una asociación que creció mucho y muy deprisa. Pronto se convirtió en una estructura de trabajo que atendía a muchas personas con lesión medular en Castilla y León y daba servicios como búsqueda de empleo, temas de ocio.. Como hoy en día, que sigue siendo una asociación muy representativa en la discapacidad física grave.

Estuve muchos años en el movimiento asociativo y eso es lo que yo creo que me marcó como una entidad que trabaja con personas pero para las personas.

 

JORGE.- Se puede decir entonces que es el accidente el que hace nacer esa vocación hacia las personas…

IGNACIO.- Totalmente. Siempre lo he dicho públicamente: yo antes del accidente ni me había planteado lo que era una persona con discapacidad o los problemas que podía haber detrás de una silla de ruedas. Aparentemente, detrás de una silla de ruedas parece que solo está la propia silla de ruedas pero ni mucho menos. La silla es lo menos grave dentro de la lesión medular.

Hay otras consecuencias de la lesión medular que son mucho más invalidantes si se puede decir de alguna manera. Aunque no me gusta esa palabra, pero es así.

Y, sin embargo, tomé conciencia como le pasa a mucha gente. Yo creo que a todo el mundo. Solo tomamos conciencia de una discapacidad cuando la sufrimos o cuando tienes un familiar o un amigo o la vives de cerca.

He contado muchas veces una anécdota que me pasó con un amigo, con un conocido, me enteré que se quedó en silla de ruedas antes que yo y que no me atrevía a acercarme a él a saludarle; por miedo, por no saber cómo reaccionar ante él. Y le esquivé y me crucé de acera para no tener que pasar esa situación incómoda de tener que saludar a una persona que se había quedado en silla. Yo siempre había pensado que para vivir en silla de ruedas no quería vivir, pensaba que era una forma en la que no se puede vivir.

Pero dos meses después tuve mi accidente y he visto cómo gente se ha cruzado de acera para no saludarme. Por lo cual, no puedo criticar esa postura porque yo reaccioné de la misma manera. Es una manera de aprender, en carne propia, a valorar lo que tienes y la nueva situación. Desde luego, sacar lo mejor de uno mismo y tirar adelante.

 

EL ACCIDENTE QUE CAMBIÓ SU VIDA

JORGE.- A los años, ¿cómo recuerdas el accidente? ¿Cómo fue? ¿Cómo cambió todo?

IGNACIO.- El accidente fue dramático. En mi caso, culpa mía; iba yo solo. Afortunadamente. Estaba saliendo de clase a las tres de la tarde en Palencia. Entraba a las cuatro de la tarde en la Facultad de Derecho en Valladolid. Iba tarde, porque éramos doscientos alumnos para cien asientos, por lo que o llegabas pronto o no llegabas.

No llegué. Se me salió el coche de la carretera.

Lo recuerdo en varias fases. La etapa hospitalaria, que son dos días o tres días que no te enteras; porque estás sedado en la UVI. Después, cuando te ingresan en el hospital que ves a mucha gente en silla como tú pero piensas que no va contigo, que tú no perteneces a ese grupo, que estarás ahí unos meses y vas a salir corriendo.

Es una negación. La mente se autodefiende y piensas convencido que no va contigo. Pero poco a poco vas asumiendo que la silla va a ser tu compañera de viaje para el resto de tus días. Pero no es tan malo, porque el peor momento es cuando termina el periodo de rehabilitación y te incorporas a lo que era tu vida normal.

Ahí es cuando uno se da cuenta que ha cambiado todo para el resto de la vida. Es el peor momento. Por eso, desde la propia asociación teníamos un programa de apoyo a las personas que estaban en el hospital en ese salto del hospital a la vida diaria que es donde uno tiene el bajón.

Además es un bajón que lo tiene todo el mundo. El desierto lo pasa todo el mundo y no queda más remedio que pasarlo.

 

JORGE.- Es como un proceso de duelo porque tienes que adaptarte y nacen unos sentimientos que no sabes controlar. ¿Qué sentimientos nacieron en ti en ese momento?

IGNACIO.- En la parte hospitalaria bien. Pero en el regreso a casa yo no quería salir a la calle, no quería que me vieran en silla. Dejé los estudios porque era complicado ir a la Facultad. Tenía que entrar por las cocinas, no había baños y tenía que subir por donde bajaban la basura. Los profesores, salvo excepciones, lo consideraban un problema.

Entre que yo no era buen estudiante, que no había facilidades para el acceso de los discapacitados y que yo no estaba al 100%, abandoné los estudios.

Me volqué en la rehabilitación, a la que le dedicaba cinco horas diarias. Es lo que me liberaba.

Tengo un buen amigo, que lleva más años que yo en silla de ruedas, que dice que uno asume totalmente su discapacidad cuando se quita la silla de la cabeza y se la pone debajo del culo.

 

¿CÓMO SE ADAPTÓ A SU DISCAPACIDAD?

JORGE.- Nos has comentado los hándicaps que te encontraste en ese mundo hace 30 años. ¿Cómo fue tu adaptación a ese mundo que todavía no tenía la conciencia social que hay ahora?

IGNACIO.- A parte de las barreras físicas que había y que, de hecho, no te preparaban para luego reincorporarte a una vida activa. Te preparaban para una vida pasiva, para estar ahí. Pero en ningún caso participar en los estudios, en trabajar y demás. Eso ha cambiado radicalmente.

Ahora en el propio Hospital Nacional de Parapléjicos se procura que la gente no corte sus estudios y afortunadamente eso ha dado un giro radical. Pero incluso no era mi caso, porque mi familia se volcó para no acomodarme poniéndome las cosas especialmente difíciles para que saliera a adelante.

Pero llegué a conocer muchos casos en los que la propia familia no quería que se incorporara al mundo laboral o viviera como cualquier otra persona.

Con lo cual, la batalla en este país, conceptualmente, ha cambiado. Queda mucho por hacer. Siempre habrá mucho por hacer en la discapacidad. Pero es verdad que somos un país puntero en empleo, en accesibilidad y en Derechos de personas con discapacidad general y con discapacidad física en particular. Somos unos privilegiados.

 

¿DE DÓNDE SACA SU FUERZA?

JORGE.- Has trabajado en política, en empresa privada. ¿De dónde crees que sale tu fuerza para llegar hasta donde has llegado?

IGNACIO.- ¿Sabes lo que pasa? Que todo el mundo que no tiene discapacidad ve como mucho más difícil, o que hay que hacer mucho más esfuerzo, que si no estás en silla. Cuando estás sillas llega un momento en el que asumes tanto tu situación que hasta se te olvida que estás en silla. Ya tus actividades desde que te levantas hasta que te acuestas son las normales y propias de cualquier otra persona.

Empiezas a vivir sin acordarte de la silla, hasta tal punto de que vas corriendo, como me ha pasado a mí, y tropiezas con lo que sea y te vas al suelo. Me he ido muchas veces al suelo. Llega un momento que normalizas tanto la silla que desaparece de tu cabeza. Se te olvidan las ruedas. No es ni bueno, ni malo. Hay que tenerlas presentes siempre en su justa medida.

 

UN MENSAJE PARA LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

JORGE.- ¿Qué mensaje le darías a una persona que ha sufrido lo que tú has sufrido?

IGNACIO.- Yo he ido a ver a personas recién accidentadas y por mucho que le cuentes que es una situación transitoria, que va a poder disfrutar de la vida, que va a poder tener una vida plena desde todos los puntos de vista, que va a poder tener una familia si quiere y que va a tener los mismos problemas que cualquier otra persona… Da igual que se lo digas, porque no lo entienden.

Al principio niegas que te vaya a suceder a ti. Después, porque por mucho que te lo digan, el cambio es radical. Es una serie de fases que hay que superar, tú lo has dicho, un duelo, un desierto. No está de más ver que hay ejemplos de personas que llevan muchos años en silla y que tienen una vida normal. Con los problemas que podemos tener cualquier persona.

Pero al final es uno mismo tiene que interiorizar y asumir la nueva situación. Que puede ser una lesión medular o cualquier otra cosa. Como tú has dicho antes, una situación de crisis importante ante la propia vida.

 

LA IMPORTANCIA DE LAS ASOCIACIONES DE DISCAPACITADOS

JORGE.- Nos has comentado antes la asociación ASPAYM que tú fundaste para Castilla y León hace ya muchos años. ¿Cuál crees que es la importancia de ese tipo de asociaciones en la España actual?

IGNACIO.- Yo fundé ASPAYM Castilla y León junto con otras personas. España es ejemplo en el terreno del empleo de personas con discapacidad, la accesibilidad y, en definitiva, en los derechos de las personas con discapacidad. Es indudablemente gracias a la fuerza del movimiento asociativo, de las asociaciones de personas con discapacidad.

Es muy normal que cuando una persona se asocia se pregunte “¿a mi qué me da la asociación?”. La asociación, a lo mejor a corto plazo no te va a dar nada porque ya tienes tu atención de rehabilitación, etc, Aunque las asociaciones también tienen estos servicios pioneros.

La asociación también es un grupo de presión ante las administraciones que indudablemente van a conseguir que se avance en los derechos de los discapacitados gracias a esa fuerza que tienen las personas con discapacidad a través de la Sociedad Civil Organizada.

Estas asociaciones existen en España con mucho más poder que en otros países. Estuve en Inglaterra viviendo cinco meses y ahí no había movimiento asociativo. Lo que ha provocado que España sea pionera, líder, en el mundo en cuanto a avances y derechos.

Estando yo en el Ministerio de Sanidad tuve el honor de acompañar a Su Majestad la Reina Doña Sofía y a la Ministra de Sanidad de entonces a recoger en las Naciones Unidas el premio Franklin Delano Roosevelt, que es el premio más importante en el mundo en materia de discapacidad. Se puede decir que es el Nobel de la discapacidad. Se lo concedieron al Reino de España precisamente por los avances en materia de derechos de personas con discapacidad y por los avances en la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos de Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, del año 2006 y que España ratificó en el año 2008.

 

SU LABOR DENTRO DEL MINISTERIO DE SANIDAD

JORGE.- Nos has comentado tu labor como Director General en Apoyo de las Personas con Discapacidad dentro del Ministerio de Sanidad en el Gobierno. Cuéntanos cómo fue tu labor en esos cuatro años de Gobierno.

IGNACIO.- Fue desde el año 2012 hasta el 2016. Te puedes imaginar la situación catastrófica que había en el país.

De lo que más orgulloso estoy es de que las asociaciones no sufrieron ningún retroceso, a pesar de la situación que había, desde el punto de vista de la financiación. Gracias al 07 del IRPF se pudo sostener la financiación de las entidades.

Además, aún en el contexto que había, pudimos sacar adelante la Ley General de Derechos de Personas con Discapacidad y de su Inclusión Social. Que fue un texto refundido que unificó toda la legislación de ámbito nacional en materia de discapacidad, que vino a clarificar muchísimo toda la legislación que había en esta materia. Y, sobre todo, se adaptó a la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Para mi ha sido una de las cosas más importantes. Tanto la Ley General, como la Ley del Tercer Sector de Acción Social que fue la primera ley en Europa en materia de acción social y que de alguna manera garantiza la existencia y la labor de las organizaciones del Tercer Sector de Acción Social y que convirtió a España en pionera en esa materia.

 

JORGE.- He leído que tuviste pequeños problemas a la hora de entrar al Congreso de los Diputados.

IGNACIO.- Si, es verdad, aunque el Congreso ya estaba y está muy bien adaptado. Fue mérito de un Diputado, cuatro legislaturas antes que la mía, Francisco Baño, que fue el primer diputado en silla de ruedas en España.

Fue el que luchó por eliminar las barreras arquitectónicas y mentales del Congreso. Fue el que allanó el camino. Después llegué yo y ahora hay otro Diputado de Unidad Podemos. Pero realmente el mérito y el que luchó para romper los muros fue Francisco Baño.

Es verdad que lo que es la tribuna de oradores no está adaptada. Es lo único que no está adaptado. Yo me sentía muy cómodo cuando me ponían una mesa en la parte de abajo y en mis intervenciones, que han sido numerosas, me he sentido cómodo.

Pero respeto que haya otras personas que no se sientan cómodas y que quieran que se adapte la tribuna. Depende de cada uno.

 

¿EXISTE EN ESPAÑA CONCIENCIA SOCIAL CON LA DISCAPACIDAD?

JORGE.- ¿Crees que ahora mismo existe en España una conciencia social que nos va a hacer avanzar hacia un futuro mejor en materia de discapacidad, barreras y eliminación de obstáculos?

IGNACIO.- Las Administraciones están perfectamente concienciadas. La lucha desde el punto de vista de las Administraciones ya se ha ganado.

Y, sorprendentemente, la batalla está ahora en la sociedad en general. La sociedad, aunque a primera vista es muy solidaria y defiende los derechos de las personas con discapacidad, lo defiende siempre que no le afecte directamente.

Te voy a poner un ejemplo que es muy gráfico. Si tú ahora mismo vas por la calle, le pones un micrófono a una persona y le preguntas que si una persona en silla de ruedas tiene derecho a que su portal sea accesible va a decir que sí. Nadie va a decir que no. Pero si le dices que las obras de adaptación van a suponer una derrama de quinientos euros o cien euros o lo que sea, la persona va a decir que no, que lo pague la administración.

Sin embargo un año antes, para poner la antena de la TDT, han puesto la misma derrama y nadie ha protestado.

 

JORGE.- ¿Cómo crees entonces que es el futuro inmediato? ¿Por dónde pasa?

IGNACIO.- Hay que seguir afianzando o consolidando que las personas con discapacidad no hagan su lucha de forma individual sino a través de las asociaciones y organizaciones. En España tenemos el Comité Estatal de Representantes de Personas con Discapacidad, que aglutina al 99% de las organizaciones en todo el territorio y que es el responsable de que hayamos avanzado lo que hemos avanzado estos últimos años.

Tenemos que seguir en esa línea, trabajando siempre unidos en asociaciones y organizaciones, pero también haciendo un esfuerzo en trabajar y convencer a la sociedad y a los ciudadanos. Para mí es la asignatura pendiente.

 

SU LABOR EN ILUNION

JORGE.- Ahora formas parte de ILUNION, de la ONCE. ¿Cuál es tu labor en ILUNION?

IGNACIO.- Antes de trabajar en política yo trabajaba en el entonces Grupo FUNDOSA, grupo empresarial de empleo de personas con discapacidad y después de los ocho años en política, he vuelto a mi grupo empresarial.

Es un grupo que hoy en día cuenta con 38.000 trabajadores de los cuales el 41% tenemos una discapacidad. Nuestra labor es demostrar al resto de empresas y de la sociedad que el empleo y la rentabilidad social y económica son compatibles. Las personas con discapacidad somos tan productivas como cualquier otra persona siempre que tengamos las adaptaciones adecuadas, además del apoyo adecuado y la formación adecuada para ser igual que el resto de los ciudadanos. Con los mismos derechos y las mismas obligaciones.

 

ALGUNAS ANÉCDOTAS DE SU VIDA

JORGE.- Hemos visto la peor cara de la discapacidad, pero también seguro que has vivido anécdotas graciosas en todos estos años.

IGNACIO.- Tengo muchas anécdotas y muchas positivas. Siempre he sido un hombre de humor.

Una anécdota es que recién llegado del hospital a mi casa de Valladolid, estaba de copiloto en un coche y apareció una persona que llevaba un año sin verme y no se había enterado que había tenido el accidente mientras me sacaban la silla de ruedas del maletero.

Me dijo “hombre, Nacho, ¿qué es de tu vida?”, estando yo sentado en el coche. Le dije “he estado fuera un año, porque he estado hospitalizado, me quedé en silla de ruedas”. Y no se lo creyó, se empezó a reír diciendo “¡Qué humor tienes, siempre contando aventuras!”. Y no se lo creía. De repente me acercan la silla y me paso a la silla y el hombre se quedó pálido y me pidió disculpas.

Otra anécdota fue cuando, ya más adelante, estando en la empresa tuvimos una recepción con El Papa en Roma un grupo de empresarios y luego nos recibió Paco Vázquez, que era embajador de España ante la Santa Sede en la Embajada de España, que da nombre a la Plaza de España en Roma. La primera embajada del mundo, del siglo XVI.

Entonces, le digo al embajador “Necesito un lavabo adaptado”. Y me dice “A ver qué hacemos, porque este edificio tan antiguo, del siglo XVI, no tiene baños adaptados. Pero creo que tengo la solución, porque tenemos un pequeño apartamento para Su Majestades los Reyes, que solo lo pueden utilizar ellos, pero que tienen una habitación con un baño muy amplio y que creo que en ese baño te vas a poder apañar”.

Efectivamente, me llevaron hasta el baño, muy antiguo pero muy amplio y me pude apañar perfectamente. Y, entonces, la primera vez que tuve la oportunidad de saludar a Su Majestad el Rey Juan Carlos en una recepción le dije: “ Majestad, sin su consentimiento me he atrevido a utilizar en una ocasión su lavabo personal de la Embajada de España en la Santa Sede en Italia”. El hombre se reía y se quedó con la copla.

Después, cada vez que me veía en cualquier otro acto siempre me decía “el baño, el baño adaptado de la Embajada”. Se quedó con la anécdota de que yo usé, sin su permiso, el baño de la Su Majestades los Reyes en la Embajada de España ante la Santa Sede.

Una anécdota graciosa que he contado más veces.

 

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