INCIDENCIA DE LA NO INVALIDEZ EN LA INDEMNIZACIÓN

Un accidente de tráfico puede provocarnos, lo que ocurre en muchas ocasiones, lesiones, que pueden ser de mayor o menos gravedad dependiendo del tipo de siniestro, nuestra constitución física, el lugar que ocupábamos en el vehículo, nuestros antecedentes médicos y muchas otras circunstancias.

De acuerdo con lo anterior, en un accidente de tráfico en el que sufrimos daños personales, podemos curar sin secuelas o tener secuelas después del tratamiento recibido, y esas secuelas pueden ser o no incapacitantes para el desarrollo de nuestra vida y profesión tal y como veníamos haciendo antes del accidente de tráfico.

El hecho de que lo sea o no, va a incidir en la cuantía de la indemnización a percibir. No es lo mismo que las secuelas que nos queden nos permitan seguir trabajando en nuestra profesión habitual u oficio, a que las mismas provoquen que no podamos volver a dedicarnos a lo que veníamos haciendo hasta sufrir el accidente de tráfico.

Antes de la entrada en vigor del nuevo Baremo de tráfico en enero de 2016, todos manejábamos con relativa facilidad los términos correspondientes a incapacidad permanente parcial (aquella con secuelas permanentes que limiten parcialmente la ocupación o actividad habitual, sin impedir la realización de las tareas fundamentales de la misma), incapacidad permanente total (aquella con secuelas permanentes que impidan totalmente la realización de las tareas de la ocupación o actividad habitual del incapacitado), e incapacidad permanente absoluta (con secuelas que inhabiliten al incapacitado para la realización de cualquier ocupación o actividad).

El nuevo Baremo 2016 modifico la manera de calcular la indemnización por secuelas, que ahora será la suma de:

  • El perjuicio personal básico, que es el que padecería cualquier persona que sufriera por el accidente determinadas secuelas.
  • El perjuicio personal particular, que complementa el básico, y que solo se percibe en el caso de que se cumplan una serie de requisitos que van a hacer que esa secuela sea más grave o importante.
  • El perjuicio patrimonial, que a su vez se subdivide en lucro cesante y daño emergente.