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Tramitar una indemnización por muerte en accidente de tráfico en 2019 no es sencillo, hay varias formas de calcular la compensación económica a percibir por fallecimiento, queremos describir quién, qué conceptos y cómo se reclama.

Sufrir la muerte de un familiar o de alguien de nuestro entorno en un accidente de tráfico supone una dura experiencia difícil de superar.

A esa dificultad por lo traumático de la pérdida, se une la necesidad de tramitar la reclamación que corresponda a la aseguradora del responsable del accidente, que resulta muy complicada para las familias, pero a la que tienen derecho cuando el fallecido no es el culpable exclusivo del accidente.

En muchas ocasiones, un accidente con resultado de muerte puede dar lugar también a responsabilidades de índole penal, sobre todo en los casos de conductores que han dado positivo en alcoholemia y son los culpables del siniestro.

Por ello, la necesidad de contar con apoyo legal especializado en fallecimientos se hace imprescindible para las familias de las víctimas, no solo a nivel jurídico, sino también como ayuda y acompañamiento para tramitar un proceso de reclamación que no es sencillo y que requiere de conocimientos específicos en la materia.

A ello se le añaden las complicaciones derivadas de siniestros donde hay dudas sobre la culpabilidad o no están claras las circunstancias en las que se producen.

Se han dado incluso supuestos en los que, pese a que inicialmente puede parecer que el fallecido es el responsable del accidente y, por tanto, no hay posibilidad de reclamar por parte de las familias, es posible no obstante percibir una compensación, según el caso.

 

¿QUIÉN PUEDE RECLAMARLA?

Para saber quiénes tienen derecho a reclamar hay que acudir al Sistema para la Valoración de los Daños y Perjuicios causados a las Personas en Accidentes de Circulación (Ley 35/2015, de 22 de septiembre), que se conoce como baremo de Tráfico, y que entró en vigor en enero de 2016.

El nuevo sistema mejora en gran medida las cuantías a percibir en los casos de grandes lesionados y de fallecidos, si bien su complejidad y la multitud de conceptos que deben tenerse en cuenta para hacer el cálculo de las mismas requiere analizar cada caso en particular.

La indemnización por muerte en accidente de tráfico la reclaman y perciben los beneficiarios del fallecido, que son aquellas personas con una relación de parentesco o afinidad específica con la víctima, y que resultan perjudicados por la muerte de aquella.

El nuevo baremo regula estos casos en los artículos 61 a 92, estableciendo respecto de la regulación anterior beneficiarios nuevos, acordes y adaptados a las nuevas situaciones familiares y personales de los tiempos que vivimos.

Así, los familiares que tienen derecho a que la aseguradora del responsable del accidente les indemnice por la muerte de un familiar en accidente de tráfico son:

  • El cónyuge viudo, en los casos en los que no se haya separado legalmente ni se encuentre inmerso en trámites de divorcio en el momento del accidente.

Para poder reclamar el cónyuge debe acreditar una convivencia de cómo mínimo 15 años, y a partir de ahí percibirá una mayor cantidad por cada año más de convivencia.

Se incluyen en este apartado a las parejas de hecho inscritas en el Registro.

  • Los ascendientes, que son los padres de la víctima fallecida. Si el hijo tenía más de 30 años en el momento del fallecimiento la cantidad se incrementa.

Para el caso de que los padres hayan fallecido, la compensación económica que les correspondería sería percibida por los abuelos de la víctima.

  • Los descendientes, que son los hijos del fallecido, siendo indiferente el número de hijos que sean. Las cantidades en estos casos varían según la edad que tengan en el momento de la muerte del progenitor.

En caso de que haya fallecido uno de los hijos de la víctima, la compensación pasa a los nietos, que cobran una cantidad independientemente de la edad que tengan.

  • Los hermanos, perciben una compensación que varía dependiendo de la edad que tengan el momento del fallecimiento de la víctima.
  • Los allegados, figura nueva introducida por el Baremo actual y que se refiere a aquellas personas que acrediten convivencia de al menos 5 años con la víctima fallecida y que tienen con ella un especial vínculo emocional o de afectividad.

En la regulación anterior, Baremo 2014, la indemnización por fallecimiento dependía o variaba en función de la situación de la víctima en el momento del accidente, y se establecían varios grupos:

  • Victimas con cónyuge: casos de víctimas que tenían cónyuge en el momento de fallecer en el accidente, y donde los beneficiarios de la indemnización de clasificaban en grupos excluyentes, percibiéndose una indemnización u otra según la pertenencia a cada grupo. El cónyuge recibía la indemnización mayor, luego los hijos menores, los hijos mayores de edad, divididos en mayores y menores de 25 años, que se equiparan a los padres de la víctima, convivan o no con ellos.
  • Victimas con hijos menores pero sin cónyuge: la indemnización varía dependiendo de si hay un único hijo menor o varios hijos menores, si la victima está separada legalmente, o si hay padres sobrevivientes a la víctima.
  • Victima con cónyuge y todos los hijos mayores de edad: La cuantía de la indemnización es distinta según los hijos sean mayores o menores de 25 años, utilizando los criterios mencionados, y distinguiendo si se trata de un hijo único o varios. Si hay padres sobrevivientes o hermanos huérfanos menores de edad que dependen de la victima se utiliza el mismo criterio ya expuesto.
  • Victima sin cónyuge ni hijos pero sí con ascendientes (padres): perciben mayor indemnización los progenitores que convivían con la victima en el momento del accidente que los que no convivían, y si no hay padres pero sí abuelos también perciben una indemnización, al igual que los hermanos menores de edad que convivieran con la victima.
  • Victima solo con hermano: las indemnizaciones varían dependiendo si son uno o varios hermanos y si tienen más o menos de 25 años o son menores.

Dentro de estos casos estarían los hijos de padres divorciados que conviven con su progenitor y la víctima, que sería su nueva pareja, o las parejas de hecho que conviven desde hace años, pero no están inscritas en el registro.

A su vez el antiguo Baremo establecía una serie de reglas que recogían otras posibles situaciones familiares:

  • Se equipara el divorcio o separación legal a la situación sin cónyuge, salvo que el cónyuge separado o divorciado perciba la pensión recogida en el art. 97 del Código Civil, en cuyo caso recibiría el 50% de la indemnización que se establece para el cónyuge en el primer apartado.
  • Los abuelos paternos y maternos se reparten la indemnización al 50%.
  • Si hay varias uniones conyugales de hecho la indemnización recogida en el primer grupo se reparte entre los concurrentes, y si hay distintos hijos se reparte la cuantía total de manera equitativa.
  • Si concurren hijos que conviven y que no conviven con la vÍctima, percibe cada uno el 50% de la indemnización que corresponda según el apartado o grupo en el que se clasifiquen.
  • Si hay hermanos la cuantía se les asigna repartida de manera equitativa.

 

CONCEPTOS RECLAMABLES

Los beneficiarios del fallecido en un accidente de tráfico pueden reclamar, según indica el baremo de Tráfico 2016, tres conceptos distintos:

  1. El perjuicio personal básico (Tabla 1.A)
  2. El perjuicio personal particular (Tabla 1.B)
  3. El perjuicio patrimonial, que a su vez se divide en lucro cesante y daño emergente (Tabla 1.C).

El perjuicio personal básico es el que sufre cada beneficiario del fallecido por el mero hecho de serlo, según la relación anterior. Es decir, valora la cantidad que perciben los ascendientes, descendientes, hermanos, cónyuge o allegados que lo son de la víctima del accidente de tráfico, y se recoge en la Tabla 1.A del baremo.

En cambio, el perjuicio personal particular es el que sufren algunos de los beneficiarios atendiendo a sus circunstancias y grado de afectividad o vinculación con el fallecido, y que suponen adicionar al perjuicio personal básico otras cantidades en concepto de compensación económica por accidente de tráfico.

Se recoge en la Tabla 1.B del Baremo que valora 9 tipos de perjuicio personal particular, como son la discapacidad física o psíquica del beneficiario del fallecido (que sea superior al 33%), el ser el único perjudicado de su categoría, el fallecimiento de progenitor único o la convivencia del perjudicado con el fallecido.

En cuanto al perjuicio patrimonial, se divide en lucro cesante y daño emergente y se recoge en la Tabla 1.C del baremo de Tráfico.

El primero se refiere a perjuicios económicos derivados del fallecimiento de la víctima, mientras que el segundo hace referencia a los gastos y pagos que los beneficiarios tienen que asumir a consecuencia de la muerte del familiar (sepelio, entierro, desplazamientos y manutención de familiares al lugar de siniestro, o repatriación).

 

EL SEGURO DE VIDA

Reclamar un seguro de vida es una gestión necesaria cuando perdemos un ser querido en un fallecimiento. Esta debe tramitarse junto con el resto de reclamaciones.

Cuando sufrimos la pérdida de un familiar en un accidente se produce una situación ya de por sí traumática y complicada. Esta, además, provoca el inicio de un proceso de reclamación que no solo se ciñe a la compensación económica para sus beneficiarios cuando no ha sido el responsable del accidente.

A esta reclamación se le unen una serie de trámites burocráticos y legales. Estos incluyen multitud de gestiones materiales: funeral, entierro, deudas, créditos… Entre las cuales está también revisar y reclamar un seguro de vida o, incluso, otra serie de ellos asociados a cuentas bancarias.

No es sencillo para los familiares de un fallecido de una forma tan trágica hacerse cargo de todo el papeleo inherente a la defunción. En estos casos, más que nunca, se hace necesaria la presencia de un letrado especialista. Uno que pueda ayudar a la familia en unos momentos tan duros a tramitar cualquier gestión necesaria que haya que hacer.

Cuando se contrata un seguro de vida, se designan los beneficiarios del mismo. Son los que cobran el capital establecido en la póliza contratada que sirve para cubrir las necesidades económicas de una familia si llega a perder al que normalmente asume estas cargas.

El tomador de esa póliza designa libremente a las personas que quiera que sean sus beneficiarios. Pueden ser una o varias y siempre pueden modificarse en vida las veces que quiera mientras esté vigente el seguro.

Es fundamental que el o los beneficiarios conozcan la existencia del seguro de vida. Lo que les permite poder gestionar el parte de siniestro si llega el momento poniendo los hechos en conocimiento de la compañía aseguradora.

Lo habitual es nombrar más de un beneficiario porque siempre puede ocurrir que uno de ellos fallezca antes que el tomador. En el supuesto de que no estuviese esa persona, el capital a percibir correspondiente al seguro de vida puede ser reclamado por los herederos según se indica en la Ley. El cónyuge en primer lugar y si no existe, los hijos del tomador o los padres; por ese orden.

Para gestionar de manera adecuada el cobro de las cantidades correspondientes al seguro de vida de un familiar fallecido en un accidente de tráfico lo primero es hacer una consulta en el Registro de Contratos de Seguros de Vida, en el Ministerio de Justicia. Consulta que puede hacerse a partir de los 15 días posteriores al fallecimiento del tomador.

Mientras tanto, debes solicitar un Certificado de Defunción en el Registro Civil. Después dispones de un plazo de 7 días para notificar por escrito a la compañía el fallecimiento.

La aseguradora te pedirá una serie de documentos. Estos pueden variar de unas a otras pero en términos generales son los siguientes:

  1. Certificado de Defunción
  2. La póliza del seguro de vida contratado
  3. DNI del fallecido
  4. Si es el cónyuge quien lo reclama, el certificado de matrimonio. Si son los hijos, el Libro de Familia. Sirven para identificar a los beneficiarios de la póliza.
  5. Cuando el fallecimiento es por un accidente de circulación suelen pedir, además, el Atestado y la autopsia. Además de una copia de las actuaciones judiciales si las hay.
  6. Certificado del Registro de Última Voluntad y testamento y justificante de abono del Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

La compañía tiene un plazo de tres meses para hacer el pago de la suma asegurada. Se cuenta desde la notificación por escrito del fallecimiento y la aportación de los documentos exigidos.

El modo de pago del capital asegurado puede ser:

  1. El abono de una sola vez en pago único de la cantidad estipulada en la póliza.
  2. El pago a través de una renta vitalicia. Se calcula atendiendo a la esperanza de vida del beneficiario y se divide la cantidad en cuotas a pagar mensualmente.
  3. En forma de renta temporal. Es decir, mediante pagos durante un número de años.

Hay que tener cuidado con el plazo de prescripción para reclamar por seguros personales. La Ley establece en 5 años para los de vida, enfermedad o accidentes. Esta prescripción que se interrumpe mediante cualquier reclamación extrajudicial fehaciente, como un burofax o una carta certificada con acuse de recibo.

Esto es importante porque muchas veces, como consecuencia del trauma que supone perder de manera violenta a un ser querido como en un accidente de tráfico y la multitud de gestiones que tienen que realizar, a la familia se le puede olvidar reclamar el seguro de vida.

De ahí la importancia de contar siempre con ayuda legal de un abogado especialista que se ocupe de gestionar cualquier trámite o reclamación derivada del accidente con fallecimiento.

La compañía aseguradora podría poner pegas para abonarte el capital asegurado. Si no cumples con los plazos establecidos o realizas una reclamación fuera del mismo.

Por ejemplo, es relativamente fácil no cumplir con el plazo de comunicar a la aseguradora el fallecimiento del tomador por escrito en el plazo de los 7 días posteriores a la ocurrencia de los hechos.

Si la compañía te pone problemas, deberás acudir a su servicio de atención al cliente y presentar una reclamación dirigida por un letrado especialista que te asesore. Normalmente, es quien te está tramitando la reclamación de la compensación económica por fallecimiento derivada del accidente de tráfico.

Puedes acudir también a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. Si no resuelves el problema, siempre te queda abierta la vía judicial.

 

LAS POLIZAS DE SEGURO

Asimismo es importante comprobar todas las pólizas de seguro que tuviera la víctima, por si hay opciones de reclamar otros conceptos, y estudiar muy bien la propia póliza del seguro del vehículo de dicha víctima, puesto que según qué póliza y según qué compañía se recogen coberturas incluso para el caso de que el conductor fallecido haya sido el causante del siniestro.

De ahí la importancia de consultar a LegalCAr, porque es claro que de por sí, la aseguradora nunca va  dar el paso de ofrecer una indemnización aunque esté contemplada en la póliza, y es por ello que debe ser un abogado experto en este tipo de reclamaciones quien defienda frente a la compañía de seguros los derechos de los fallecidos, sean o no culpables, pues de ello va a depender el éxito de la reclamación.

Asimismo desde LEGALCAR siempre insistimos en que no debe cogerse la oferta inicial de la aseguradora, ni firmar finiquito alguno, hasta haber consultado a un especialista independiente, pues hay que valorar si la misma se corresponde con la que realmente debe de percibirse por el caso, y una vez se haya firmado el finiquito no podrá reclamarse después, ya que con ello se está renunciando al ejercicio de acciones futuras contra la aseguradora del vehículo responsable.

 

¿CÓMO SE HACE?

Tras un accidente de tráfico con resultado de muerte, la aseguradora del responsable, sobre todo si la culpa de su asegurado es muy clara, va a moverse con rapidez y tratará de contactar con la familia del fallecido lo antes posible, sobre todo para evitar que se asesoren o contacten con LegalCar.

Por ello, para reclamar con garantías es necesario buscar un buen asesoramiento legal para que los beneficiarios de la víctima reciban cuanto antes la ayuda que necesitan en esos momentos.

Cada accidente es diferente a los demás y las compensaciones, como hemos visto, varían en función de cada caso. Por eso y teniendo en cuenta que las aseguradoras no van a facilitar información ni van a explicar en qué consisten las mismas, y que además sus ofertas siempre van a ser lo más bajas posibles, hay que valorar cada una de las circunstancias que rodean el siniestro para que los beneficiarios del fallecido perciban las cantidades que les correspondan.