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Cuando sufrimos un atropello las lesiones suelen ser más importantes que un accidente de tráfico entre dos vehículos, lo más normal es que la víctima se tenga una sintomatología de politraumatismo, es decir, que existen muchas zonas afectadas.

Cuando se sufre un atropello del que no somos culpables, tenemos derecho a una indemnización por nuestras lesiones, pero el Baremo de tráfico especifica qué lesiones son las que se indemnizan en función de su sintomatología e importancia. Es por ello que es importante que se describan las lesiones lo más minuciosamente posible a fin de que se  identifiquen claramente  que lesiones y que secuelas han quedado del atropello y distinguirlas de aquellas que se puedan tener de antes del accidente.

Las zonas del cuerpo que suelen ser más afectadas cuando sufrimos un accidente con resultado de atropello son el hombro, cadera, rodilla, muñeca , cuello y cabeza.

Las zonas dependerá de cómo es el accidente, velocidad, tipo de vehículo interviniente , etc, no es lo mismo, por ejemplo,  un golpe suave realizado marcha atrás de un coche, que un golpe de una furgoneta frontal.

Normalmente todas las zonas anteriormente mencionadas son complicadas de tratar, estamos hablando de articulaciones cuyo movimiento normal requiere de la intervención de multitud de músculos, huesos, tendones y ligamentos.

Así  un tratamiento incorrecto o no completo y cuya curación no sea completa puede dejar importantes secuelas funcionales.

Así, las fracturas de cadera o de pelvis son muy habituales en personas de una edad avanzada, mientras que las fracturas de hombro y rodilla son más habituales en personas más jóvenes.

Las lesiones de hombro, rodilla, muñeca y cadera suelen dar problemas de tratamiento,  y por lo tanto es normal que la curación sea larga y complicada, a esto se le puede añadir que en muchas ocasiones las pruebas médicas salen negativas pero el lesionado mantiene el dolor. Así,  nos podemos encontrar que el paciente refiere dolor en la rodilla, por ejemplo, pero al no aparecer en las pruebas diagnosticas ninguna patología clara se le de el alta o se le retira el tratamiento.

En otras ocasiones la sintomatogía de dolor es tal que puede  llegar a  generar unas lesiones invalidantes de por vida. En dichos casos hay que solicitar la incapacidad permanente total o parcial del lesionado al INSS.

Lo que está claro es que no hay que fiarse de las estadísticas de curación, ya que cada persona cura de las lesiones de forma distinta ya sea debido a genética, a esfuerzo y sacrificio propio, al profesional asignado, al propio tratamiento realizado etc. Y es por ello que en caso de que los médicos quieran dar el alta por mejoría o dejar de dar tratamiento, se debe solicitar una segunda opinión médica, hablar con especialistas o solicitar pruebas complementarias, aunque sean abonadas por el propio lesionado  ( resonancias magnéticas, TAC, ecografías, y otros)

 Es fundamental tener un diagnostico correcto para recibir el tratamiento adecuado.  Así mismo, para la reclamación de la indemnización es fundamental, ya que no es lo mismo un dolor en la rodilla (omalgia) que una limitación de la  movilidad de la rodilla, al igual que no es lo mismo una bursitis que una rotura de ligamentos.

Lo que ocurre es que muchas de estas lesiones de hombro o rodilla no se ven con una prueba radiográfica, sino que necesita de pruebas médicas más complejas y sobretodo más caras, lo que hace que en muchas ocasiones la Seguridad Social no las realice de forma inmediata perdiendo así la posibilidad de saber el alcance de la lesión y poder atajarla a tiempo.

Así, por ejemplo no es lo mismo tratar una lesión tendinosa del supraespinoso del hombro que pensar que el dolor del hombro viene del cuello, pues bien con una resonancia magnética del hombro y del cuello podríamos descartar lesiones y dar el tratamiento correcto, pero determinarlo tiene un coste económico,  y ahí vienen los problemas, ya que se prescriben si no existe  una sintomatología clara.

En definitiva,  los lesionados por atropellos suelen estar más indefensos a la hora de realizar la reclamación, de ahí la importancia de contar con abogados  especialistas en accidentes de tráfico, con conocimientos médicos y que van a saber orientar al lesionado desde el principio.

 

LESIONES PERMANENTES NO INVALIDANTES

Cuando hablamos de lesiones permanentes no invalidantes nos referimos a cualquier lesión, deformidad definitiva o mutilación producida por un accidente de trabajo o por una enfermedad profesional, que no llega a ser una incapacidad permanente, pero que provoca una disminución de la integridad física del trabajador.

En estos casos el trabajador podrá percibir una prestación económica, de acuerdo con lo dispuesto en el Baremo de Lesiones Permanentes no Invalidantes (LPNI).

No debe confundirse con una incapacidad permanente, es decir, no es lo mismo tener una incapacidad permanente que unas lesiones permanentes no invalidantes pero que permitan desempeñar su trabajo al lesionado.

Este tipo de lesiones permanentes no invalidantes pueden ser también provocadas por un accidente de tráfico. El caso más común es el denominado “accidente in itinere”, que es el que sufre la víctima en el trayecto de su domicilio al trabajo y viceversa.

En este tipo de accidentes, cuando a consecuencia de las lesiones el perjudicado queda con secuelas, pero no son invalidantes, podrá reclamar lo que le corresponda por el accidente de tráfico, valoradas conforme al Baremo de Tráfico 2016, pero también la prestación que le corresponda de acuerdo con el Baremo de Lesiones Permanentes no Invalidantes, no siendo incompatibles ambas prestaciones.

 

LESIONES PERMANENTES INVALIDANTES

En otras ocasiones, las lesiones sufridas en un accidente de tráfico son de tal entidad que dificulten o impidan el desarrollo de nuestra vida tal y como veníamos haciendo antes del accidente.

De esta manera, puede generarse una incapacidad que dependiendo del tipo de secuelas que le queden al lesionado puede ser parcial, total, absoluta o una gran invalidez.

La pensión a percibir dependerá del grado de incapacidad y de la base reguladora del perjudicado, y debe solicitarse a la Seguridad Social, siempre que estuviera dado de alta en dicho régimen en el momento de sufrir el accidente de tráfico.

Si después de pasar los años se produce una agravación de las secuelas sufridas por la víctima, se puede solicitar una revisión de la incapacidad permanente, lo que ocurre en ocasiones donde los daños personales han sido de gravedad.

 

LESIONES INVALIDANTES

En el caso de lesionados con daños personales graves o muy graves, que desembocan en varias secuelas, se puede reclamar por “daño moral”. Esta compensación procede cuando la suma de las secuelas que le han quedado al perjudicado superan los 80 puntos, o cuando una sola de ellas está valorada en más de 60 puntos.

Aparte de lo anterior, el Baremo de Tráfico se refiere por este concepto como “perjuicio moral por pérdida de calidad de vida”, y se establecen cuatro tipos de categorías:

  • Perjuicio moral leve, que equivaldría a una incapacidad permanente parcial, en el caso de que la víctima tenga más de 6 puntos de secuela que le impiden desempeñar alguna de las actividades que antes del accidente realizaba, o tenga menos de 6 puntos, pero las que tiene le impiden realizar alguna de las funciones de su trabajo o profesión habitual. Oscila entre los 1500 y los 15.000 € dependiendo de la gravedad.
  • Perjuicio moral moderado, que viene a equivaler a la incapacidad permanente total de la víctima para desempeñar su profesión u oficio habitual, o los casos en los que no puede hacer alguna de las actividades de desarrollo personal. La indemnización oscila entre los 10.000 y los 50.000 euros.
  • Perjuicio moral grave, que equivale a una incapacidad permanente absoluta para desempeñar la profesión habitual, y el perjudicado no puede realizar algunas de las actividades esenciales de la vida diaria. Se indemniza con una cantidad que oscila entre 40.000 y 100.000 euros, según el caso.
  • Perjuicio moral muy grave, que podría equivaler a la gran invalidez, donde la víctima no tiene autonomía personal, y necesita ayuda para realizar la mayoría de las actividades propias y esenciales de la vida diaria. La indemnización oscila entre 90.000 y 150.000 euros, según la gravedad.

A esta indemnización debe añadirse, en casos de lesionados con daños graves o muy graves, la correspondiente al perjuicio patrimonial, valorándose también el caso en el que la víctima resulta perjudicado por la diferencia entre el sueldo que cobraba antes del accidente y la pensión que recibirá después por la incapacidad que corresponda.

 

INDEMNIZACIONES MÁS FRECUENTES

El 80% de los lesionados en un accidente de tráfico sufre daños en la columna vertebral. Se trata del más habitual, y, sin embargo, es el menor reconocido y peor pagado por las compañías.

Muchos de estos casos acaban en Tribunales por la negativa de las aseguradoras a pagarlos pese a estar médicamente demostrados.

En cuanto a las indemnizaciones más frecuentes por lesiones muy graves, destacan los traumatismos craneales y amputaciones de extremidades en el caso de los motoristas, las fracturas de cadera o de extremidades en los atropellos, y en colisiones a alta velocidad, daños cerebrales o de columna que provocan tetraplejias o paraplejias.

Aunque se trate de una minoría de lesionados, la postura de las compañías es la misma, pese a ser conscientes de su obligación de pagar elevadas cantidades a este tipo de víctimas. Siempre harán valoraciones a la baja al defender el interés económico de la compañía y no el del perjudicado.

 

Lesiones en torso y tórax

Se producen en siniestros que provocan traumatismos torácicos o abdominales. En los traumas torácicos hay que tener especial cuidado con las lesiones torácicas cerradas porque externamente no se detectan y, sin embargo, pueden provocar daños muy graves.

Las fracturas de costillas son muy habituales, tanto por no llevar adecuadamente colocado el cinturón de seguridad, como en atropellos o accidentes de moto, o incluso en caídas en el interior de un medio de transporte público, donde es fácil que la víctima se golpee con barras o asientos.

Los traumas abdominales afectan a órganos vitales internos como el bazo o el hígado, y pueden provocar incluso la muerte.

 

Lesión en cabeza, cuello y cara

Los daños en cabeza, cuello y cara se producen en muchas ocasiones por el choque del ocupante contra el salpicadero del coche, el propio airbag, o incluso en motoristas o ciclistas que circulan sin casco.

También los atropellos pueden provocar estos daños porque en muchas ocasiones la víctima sale despedida a consecuencia del impacto, cayendo en la calzada y lesionándose.

Se trata de lesiones especialmente delicadas por las zonas del cuerpo afectadas, que pueden dejar importantes secuelas tanto funcionales como estéticas en la víctima.

 

Lesiones cerebrales y medulares

Los traumatismos craneoencefálicos y medulares son de los daños más graves. Pueden provocar que la víctima quede en coma de por vida y nunca se recupere. Los cuidados de este tipo de lesionados son especialmente delicados y sobre todo afectan de manera muy importante no solo a la propia víctima, sino también a sus familias.

Todas estas lesiones tan graves que traen consigo indemnizaciones elevadisimas para las víctimas. Pero a la par son difíciles de calcular por lo que es fundamental que cuenten con la ayuda de un letrado particular para reclamarlas.

 

Lesión en la columna vertebral

Los daños en columna vertebral, que como hemos visto afectan al 80% de los perjudicados, constituyen un verdadero quebradero de cabeza para las víctimas porque las compañías van a negar su existencia en muchos casos.

El Baremo dedica un artículo específico (el 135) en exclusiva a este tipo de lesiones. Estas se suelen producir en los accidentes leves y que afectan a la zona cervical, la lumbar y la dorsal.

De entre ellas, las más complicadas de acreditar y reclamar son las derivadas de traumatismos en el cuello. El esguince o latigazo cervical, tan habitual en los alcances traseros, puede curar bien con un tratamiento rehabilitador adecuado y no dejar secuelas pero, en otros casos y según el estado físico previo de la víctima, puede resultar muy incapacitante.

Este tipo de traumatismos en columna vertebral se tienen que reclamar muchas veces judicialmente. Sobre todo porque las aseguradoras no los reconocen cuando los daños materiales en el vehículo son escasos, viéndose obligado el perjudicado a tener que demostrar su existencia con periciales médicas e informes diagnósticos.

Sea más grave o leve, no hay lesión que una aseguradora pague adecuadamente. Para reclamar con garantías una compensación económica por daños personales, tienes que asesorarte, y no aceptar nunca la oferta de una aseguradora sin consultarlo antes con un experto en responsabilidad civil.