¿Qué dice la ley sobre conductores ebrios?

¿Qué dice la ley sobre conductores ebrios?

Creemos interesante declarar que dice la ley sobre los conductores ebrios, lo juicios rápido por alcoholemia y las posibles sanciones. Por desgracia, sigue siendo habitual encontrarnos noticias en los medios de comunicación sobre los conductores ebrios, que circulan poniendo en peligro tanto su vida como la de los demás usuarios de la vía.

Durante el año 2015 el 21% de los controles de alcoholemia que se hicieron a conductores que habían estado implicados en accidentes de tráfico arrojaron un resultado positivo. Y aproximadamente un 35/40% de accidentes de tráfico graves están directamente relacionados con el consumo de alcohol.

En muchas ocasiones estos accidentes son provocados por jóvenes que vienen de una noche de fiesta. Otras veces nos confiamos, salimos de una boda, de una cena y creemos que controlamos la situación y que los efectos del alcohol se van a pasar. Nada más lejos de la realidad. Tener un accidente conduciendo bajo los efectos del alcohol, que en muchas ocasiones tiene por desgracia repercusiones sobre otros conductores, a los que podemos arruinar la vida, además de la nuestra propia, siempre tiene consecuencias y ninguna es buena.

¿QUÉ ES UN CONDUCTOR EBRIO?

Podemos entender como conductor ebrio al que conduce superando los límites de tasa de alcoholemia establecidos. En España la tasa de alcohol permitida para conductores normales es de 0.25 mg/l  por aire espirado, o 0,5 por litro de sangre. Si el conductor da positivo pero no supera los 0,50 mg,l o el 1,0 g/l se considera que ha cometido una falta administrativa, pero si la tasa de alcohol duplica la tasa permitida comenzamos a hablar de un delito.

Los límites de alcohol están asociados a los síntomas, según el Dr. Francisco Arias con una tasa de 0,8 g/l y 1,5 g/l la conducción es peligrosa ya que el individuo muestra problemas perceptivos como visión borrosa y además se muestra una actitud más agresiva y comportamiento impulsivo. A partir de 0,5 g/l comienzan a notarse en los sujetos alteraciones sensitivas que dificultan su habilidad para conducir.

Hay que tomar en cuenta que el alcohol afecta a todos de forma diferente, por lo que los agentes de tráfico además de la prueba de alcoholemia, pueden multar o decidir que el conductor ha cometido un delito basado en los síntomas que observen durante el control, ya que por ejemplo si el conductor que sopla da una tasa por debajo de lo permitido, pero sus síntomas no le cualifican para conducir, puede que este se encuentre en la etapa ascendente de la curva de alcohol.

Tomando en cuenta esto último, es normal que si los agentes perciben síntomas, hagan que el conductor espere unos minutos y le hacen otras pruebas, pudiendo dar una tasa más alta o menor, recomendamos en estos casos, no negarse a soplar ya que podríamos arriesgarnos a ser acusados de no colaborar con los agentes.

QUÉ DICE LA LEY SOBRE LOS CONDUCTORES EBRIOS

El Código Penal es muy claro al respecto, y si conducimos bajo los efectos del alcohol se nos va a imputar un delito contra la seguridad del tráfico, recogido en el artículo 379.2 del Código Penal, que indica textualmente:

 “Con las mismas penas será castigado el que condujere un vehículo de motor o ciclomotor bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas. En todo caso será condenado con dichas penas el que condujere con una tasa de alcohol en aire espirado superior a 0,60 miligramos por litro o con una tasa de alcohol en sangre superior a 1,2 gramos por litro.”

¿Qué ocurre si el conductor provoca un accidente de tráfico circulando bajo los efectos del alcohol?

La consecuencia más grave es que su aseguradora no le va a cubrir las consecuencias del siniestro. Las pólizas de seguros tienen, entre las cláusulas de exclusión de responsabilidad, el conducir bajo los efectos del alcohol. Esto significa que si el conductor sufre daños materiales en su vehículo, su seguro no se los va a abonar.

Y si provoca daños materiales y/o personales en otros vehículos, su seguro va a indemnizar esos daños a las víctimas, pero luego ejercerá el derecho de repetición contra el conductor que conducía ebrio, por lo que aparte de la condena penal que la caiga, puede llegar a arruinarse si con su conducta ha producido, por ejemplo, daños personales con resultado de fallecimiento, o incluso en el caso de provocar grandes lesiones.

EL JUICIO POR ALCOHOLEMIA

Cuando los agentes de la autoridad practican una prueba de alcoholemia y esta da resultado positivo, con una tasa superior a 0,60 mg/l, seremos imputados por un delito contra la seguridad del tráfico, recogido en el Código Penal. La policía o Guardia Civil elabora un Atestado que se remite al Juzgado de guardia del partido judicial correspondiente al lugar donde han ocurrido los hechos.

Se pueden dar dos circunstancias:

  • Que haya provocado un accidente con más vehículos y/o personas implicadas o haya, por ejemplo, triplicado a tasa de alcohol, en cuyo caso será detenido y trasladado a comisaría para declarar. Normalmente los detenidos no suelen declarar hasta contar con asistencia de un abogado, sea de parte o de oficio, y tras declarar pasan a disposición judicial.
  • Que el culpable no sea detenido y directamente se le cite para comparecer en el Juzgado el día y hora que se señale al efecto.

Una vez el Atestado llega al Juzgado, el Juez recabará antecedentes penales del imputado, le citará junto a los testigos, en el caso de que haya daños a las cosas (por ejemplo mobiliario urbano) solicitará la peritación de los mismos, y recabará todas las pruebas necesarias para poder celebrar el juicio rápido.

Una vez señalada la fecha del juicio, suelen reunirse el fiscal y la defensa, y en el caso de que el imputado reconozca los hechos y acepta la pena propuesta por el fiscal, la misma se reduce en un tercio y de inmediato se dicta sentencia, denominada “sentencia de conformidad”. Esto es lo que ocurre en la mayoría de los juicios rápidos por alcoholemia.

Si no hay conformidad el juicio sigue adelante, el fiscal ejerce la acusación y el abogado del imputado puede pedir la absolución con los motivos que estime pertinentes en defensa de los derechos de su cliente.

Finalmente el Juez decidirá a la vista de las pruebas practicadas, pasar las actuaciones a juicio oral, o decidir transformar el juicio rápido en un procedimiento abreviado, porque entienda, por ejemplo, que faltan pruebas por practicarse.

En esos casos el Ministerio Fiscal presentará escrito de acusación y el abogado defensor su escrito de defensa. La vista se celebrará en un juzgado penal, y suelen tardar entre uno y dos años en celebrarse, principalmente por el colapso de los asuntos en los Juzgados, demorándose más o menos según la localidad.

En el acto del juicio oral se formulan preguntas al imputado tanto por el ministerio fiscal como por el abogado de la defensa, y se practican, si es que las hay, las periciales o testificales que se hayan acordado.

Una vez se hayan practicado las pruebas las partes formulan sus conclusiones y el juicio queda visto para sentencia, que tardará más o menos dependiendo del volumen de asuntos que tenga el Juzgado.

COMO SON LAS SANCIONES POR ALCOHOLEMIA

Las sanciones por alcoholemia van a depender del resultado de la prueba de alcoholemia que se practique, es decir, de la tasa por alcoholemia que demos.

Si la tasa oscila entre 0,25 mg/l y 0,50 mg/l, el conductor será multado con 500 euros y la retirada de cuatro puntos del carnet de conducir.  Para el caso de conductores noveles y profesionales la tasa por alcoholemia varía, oscilando entre 0,5 g/l y 0,15 mg/l. Y si el conductor supera una tasa de 0,50 mg/l, la multa será de 1.000 euros y con retirada de 6 puntos del carnet.

Para los casos en los que el conductor ebrio es imputado por un delito contra la seguridad del tráfico, cuando la tasa por alcoholemia supera los 0,60 mg/l en aire espirado o de 1,20 g/l en sangre, se le va a imponer una pena entre tres y seis meses de cárcel, multa de seis a doce meses, trabajo comunitario de 30 a 90 días y con la prohibición de conducir en un periodo entre uno y cuatro años.

 

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