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Pese a que pueden darse, los accidentes de tren no son muy habituales, siendo en la actualidad un medio de transporte bastante seguro, y mucho más si lo comparamos con el riesgo de conducir un coche.

En España, todos recordamos la catástrofe sufrida en 2013 por un tren ALVIA que salió desde Madrid, y entrando en Santiago de Compostela descarriló con tal violencia que uno de los ocho vagones salió volando a 15 metros de la vía. Dejando 80 muertos y más de un centenar de heridos. Este es el accidente por descarrilamiento más grave ocurrido en nuestro país.

En septiembre de 2016 un tren que cubría el trayecto Vigo-Oporto, descarriló en la localidad de O´Porriño (Pontevedra), muriendo 4 personas y resultando otras 48 heridas.

Ha habido otros accidentes de tren en nuestro país que han dejado víctimas mortales y heridos de diversa consideración. Así, en agosto de 2012 una unidad chocó contra un talud de tierra que estaba al final de una vía de pruebas, en las cocheras del Metro de Madrid sitas en Fuenlabrada, provocando dos muertos y dos heridos.

En marzo de 2010 un tren de mercancías de RENFE embistió a otro tren que le precedía en la estación de Arévalo, en Ávila, por un error informático, falleciendo el conductor del primer tren.

Y en junio de 2003 un Talgo 200 colisionó con un tren de mercancías en Chinchilla (Albacete), muriendo 19 personas, y dejando más de 50 heridos.

Fallos humanos o de funcionamiento, despistes, exceso de velocidad, son algunos de los motivos que provocan accidentes de tren.

En otras ocasiones los accidentes son más leves, como los que ocurren a la salida o entrada de los vagones, que pueden provocar lesiones de diversa índole dependiendo de la caída y daños sufridos.