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Marisa Magaña Loarte es licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y tiene un Máster en Intervención en Duelo y un Máster en Couselling por la Universidad Ramon Llull de Barcelona. Es la Directora del Centro de Escucha de la Clínica San Camilo en Tres Cantos, Madrid. También es tutora de alumnos del Máster de Psicología de la Salud y Práctica Clínica de la Universidad Pontificia de Comillas, además de Coordinadora del Máster Universitario de Habilidades de Counselling de la Universidad Católica de Valencia. Marisa es una experta en intervención en duelos complicados.

El Centro de Escucha de la Clínica San Camilo es un verdadero servicio social formado por médicos, psiquiatras y trabajadores sociales que ayudan a las personas que pasan por una situación de sufrimiento complicado que ha provocado una verdadera crisis en sus vidas. En el Centro se presta acompañamiento emocional y ayuda psicológica de forma gratuita, constituyendo un verdadero dispositivo de salud y un recurso social para la prevención de patologías y evitar la cronificación de estados asociados a situaciones vitales muy dolorosas.

Queremos dar las gracias a Marisa Magaña y a toda la Clínica San Camilo por haberse prestado a colaborar con LegalCar Abogados, ayudarnos a entender mejor cómo es el proceso de duelo y habernos instruido en el servicio social que supone acompañar a personas que están en esos duros y difíciles momentos.

 

SÍNTOMAS DEL PROCESO DE DUELO

 

JOAQUÍN.- Buenos días, Marisa. Cuéntanos, ¿qué hacéis aquí en el Centro de Escucha de la Clínica San Camilo?

MARISA.- Hola, Joaquín. Aquí en San Camilo, yo concretamente, soy la Directora del Centro de Escucha. Es un centro de atención al duelo complicado y a las pérdidas que en general se complican. Es un centro gratuito en el que llevamos cerca de 20 años acompañando a todas aquellas personas que, por las circunstancias difíciles de los fallecimientos a los que se tienen que enfrentar, tienen dificultades para salir adelante solos y buscan ayuda profesional. Y es, entre otras muchas cosas, a lo que nos dedicamos aquí en el Centro de Escucha de la Clínica San Camilo.

JOAQUÍN.- Explícanos, ¿qué es el duelo?

MARISA.- Cuando perdemos a un ser querido que era significativo para nosotros el impacto emocional es tan grande que entramos en una serie de comportamientos, sentimientos y emociones  para volver a reestablecer todas las dimensiones que se quedan tocadas. Por ejemplo, cuando una persona pierde a un ser querido se desequilibra toda su vida, a nivel social, emocional, espiritual…

Digamos que el duelo es ese periodo de tiempo donde nosotros, a través de esos comportamientos y a través de la expresión de esas emociones, empezamos a aprender a vivir con lo que nos ha ocurrido, con la pérdida, para ir encontrando de nuevo el equilibro en nuestras vidas.

JOAQUÍN.- ¿Cuáles son los síntomas del duelo?

MARISA.- La sintomatología del duelo es variada. No todos los duelos son iguales pero sí que en general cuando una persona pierde un ser querido, durante el primer año o casi el primer año, a veces incluso más, es natural y lógico que la persona tenga una necesidad casi obsesiva de estar hablando y recordando al ser querido: cómo fue, cómo no fue. Recordando situaciones.

Es lógico también que la persona tenga un deseo continuo de llorar. Hay personas que te dicen que lloran a diario. A lo mejor no todo el día, pero sí llega un momento que el llanto es diario. También es verdad que hay otras personas que no tienen ese circuito activado y sí que sienten su pena pero no les sale el llanto. Tanto una forma como la otra son propias del duelo.

Es lógico que no se tengan ganas de salir, que tengan la necesidad de aislarse del mundanal ruido. De centrarse en las personas íntimas, los sitios más recogidos para, desde ese aislamiento, ir generando las ganas de volver a salir.

A veces, aparte de esa tristeza profunda que se mantiene, aparece el sentimiento de rabia. Hay gente que esto lo vive como si no fuese propio del duelo, pero también lo es. Esa rabia por lo que ha ocurrido y por qué a mí. ¿Por qué la vida es tan injusta? Por ejemplo, ¿por qué tuvo que morirse un niño cuando aparentemente no toca? Esa rabia también nos va ayudando a ir poco a poco digiriendo y haciendo paz con lo que ocurre.

Aparecen también sentimientos profundos de soledad.

Dificultades para dormir, es muy propio del duelo. Dificultades en la alimentación. Hay personas que se les cierra el estómago, que adelgazan. Sin embargo hay otras personas que comen compulsivamente.

También nace en muchas personas el sentimiento de presencia. No es que lo vea, pero siento que el fallecido está conmigo y de que alguna manera me acompaña. Esto también es muy lógico y propio del duelo.

Luego hay muchos otros síntomas más específicos, pero esto es lo más grueso y lo que englobaría toda la sintomatología propia del duelo a nivel general.

 

SIGNOS DE ALARMA EN EL PROCESO DE DUELO

 

JOAQUÍN.- Marisa, ¿cuándo se puede complicar un proceso de duelo y cuándo hay que pedir ayuda? ¿Cuáles serían los signos de alarma?

MARISA.- Bueno, pues, toda la sintomatología propia del duelo dura en torno a un año o casi un año, meses arriba o meses abajo. Si uno ve que esto se alarga en el tiempo, más allá del año y medio o dos años, y que la intensidad y la frecuencia no disminuyen o incluso aumentan, estaríamos ya con una señal de alarma de que quizás algo no debería ir y se necesita ayuda profesional.

Otras señales que nos pueden alarmar, por supuesto, sería cuando vemos que la persona, o nosotros mismos tenemos no deseo de ojalá me muera, que eso es muy propio de cuando se está sufriendo, sino más bien la intencionalidad de atentar contra nuestra propia vida. En estos casos desde luego hay que buscar ayuda profesional de manera inmediata.

También cuando tenemos un sentimiento de rabia, que señalé entre los síntomas del duelo, pero que se mantiene en el tiempo o incluso va a más y no disminuye. Entonces, esa rabia hace que se bloquee el proceso natural del duelo. También sería un síntoma claro de necesitar ayuda profesional.

Incluso cuando nace un sentimiento de culpa. Cuando yo me culpabilizo, haya tenido o no responsabilidad, me responsabilizo por lo que ha pasado o por lo que ha dejado de pasar. “Yo tuve que hacer”. Este tipo de culpa también enquista muchísimo y hace que el proceso de duelo no siga.

Cuando una persona está muy sola, cuando no tiene una red de apoyo social, cuando no tiene apoyos afectivos, también posiblemente necesite una ayuda profesional.

 

¿CÓMO NOS ENFRENTAMOS AL DUELO?

 

JOAQUÍN.- Marisa, ¿todo el mundo se enfrenta al proceso de duelo de la misma forma?

MARISA.- Pues ciertamente no. Podría decirse que hay tantos duelos o tipos de duelos como personas en proceso de duelo.

Hay diferencias significativas, por ejemplo, entre adultos, niños y adolescentes. También hay diferencias entre los propios adolescentes, los propios niños y los propios adultos.

Entre hombres y mujeres, en términos generales, también pueden tener diferencias.

Pero, sobre todo, hay dos formas que quizás son un poco las más obvias que es la persona que necesita expresar y sacar. De alguna manera va viviendo su duelo conectando mucho con el dolor y el sufrimiento para que desde ahí puede salir. Y, luego, hay otro tipo de personas que lo que necesitan es estar con la mente ocupada, casi hiperactivos, no hablar de ello y  todo lo que les recuerda a la pérdida de alguna manera les produce unos picos de sufrimiento muy importantes. Por eso prefieren ir enfrentándose al dolor de una forma más suave, se podría decir que van entrando y saliendo.

Hemos de entender que cualquiera de estas formas son las que la persona en ese momento necesita para ir afrontando una situación que de entrada le resulta muy difícil. Entonces, lo de siempre, permitamos que cada uno, desde la evitación o el enfrentamiento, lo viva como necesite

 

AYUDAR A UNA PERSONA EN PROCESO DE DUELO

 

JOAQUÍN.- Marisa, ¿qué pautas podríamos dar a aquellos familiares o personas más cercanas para hacer ese acompañamiento a una persona que está en pleno proceso de duelo?

MARISA.- En principio, el valor de la presencia ya es mucho. Es decir, estar al lado y de alguna manera prestarse como “estoy aquí para lo que tú necesites”. Seguro que, de entrada, a los seres queridos que están sufriendo o al ser querido que está sufriendo, les o le viene muy bien.

Pero, sobre todo es importante que permitamos que la persona que está sufriendo en duelo, atravesando su proceso de duelo, pueda ser libre de expresarse como necesite expresarse. Sentir lo que necesite sentir. Que no le forcemos el ritmo. Si necesita narrar porque tiene mucha necesidad de contar y contar lo que ocurrió, porque de esa manera se va desensibilizando  o porque lo lleva así dentro, pues por supuesto hay que escuchar y escuchar y escuchar. Obviamente, si entra en bucle, hay que ayudarle a que salga de ahí. Pero en inicio, esto es de lo más natural.

Igual que hay gente que lo que necesita es no tocar el tema. Se debe respetar de igual manera. También hay que permitir el llanto. Porque hay muchas veces que nos angustia ver a alguien llorando y le intentamos sacar de ese llanto constantemente. Pero el llanto es un desahogo natural muy bueno y muy necesario. Permitamos que la persona en duelo llore, permitamos que exprese su tristeza.

Me dicen muchas veces, “¿Cómo hago para que mi familiar no esté triste?”. Es que necesita estar triste porque es la emoción que le va a provocar el poder ir atravesando el duelo poco a poco y poder ir acostumbrándose e ir saliendo de él.

Entonces, es sobre todo, eso, dejar que fluya. Si se necesita aislamiento social que de alguna manera uno necesita, no forcemos con un “vente”, “sal”. No, porque a lo mejor no toca. No toca porque no se siente cómodo. Bueno, pues ya llegará ese momento. Lo importante es que sepa que tú estás ahí para cuando lo necesite.

Pero, básicamente y recogido todo en una frase sería: respetemos su ritmo, respetemos sus necesidades y respetemos la expresión emocional que la persona en proceso de duelo necesite dar

 

¿EXISTE UN PLAZO PARA SUPERAR EL DUELO?

 

JOAQUÍN.- Marisa, ¿cuál sería el plazo normal del proceso del duelo?

MARISA.- A ver, efectivamente los duelos tienen un tiempo de resolución. Pero es verdad que varía tanto de unas personas a otras y de unas circunstancias a otras que podríamos decir que entre un año y dos. Podríamos hablar de un tiempo de resolución.

Pero tiempo de resolución no significa que yo ya estoy después de ese tiempo estoy como antes de sufrir la pérdida. Un duelo, en sí mismo, sobre todo muertes como puede ser la de padres cuando eres un niño, parejas, hijos… No se termina de resolver nunca porque en muchos de estos casos el duelo es para toda la vida.

Con resolución queremos decir que se aprende a vivir con ello y se encuentra cierta estabilidad y ganas de volver a disfrutar y querer volver a vivir pero siempre relativas. Y no como al principio, ni muchísimo menos. Dependiendo de la pérdida podríamos hablar, incluso, de tres años hasta que uno encuentra esa estabilidad.  Pero en torno a uno o dos años podríamos decir que está la media de ese plazo.

Sí que es verdad que el primer año es duro. Y está lleno de picos. Los primeros meses, tres, cuatro, cinco y seis meses, es la fase más aguda. La persona es donde tiene los síntomas de manera más potente.

Muchas veces llegan y te dicen “Estoy preocupado porque estoy peor que al principio y ya han pasado tres meses”. Esto es habitual. Al inicio está uno muy aturdido entre el apoyo, los mecanismos de defensa y demás. Y luego, a partir del primer mes, dos, ¡pum!, se cae en picado durante unos meses y cuesta mucho levantar cabeza.

Esto lo digo también para que de alguna manera se naturalice y se entienda que es el proceso habitual del duelo.

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