Permíteme que insista… en leer la letra pequeña del contrato con la aseguradora

Permíteme que insista… en leer la letra pequeña del contrato con la aseguradora

¿Quién no recuerda la sensación de comprar su primer coche? Esa sensación de libertad, de control, de poder… ¿Y quién no recuerda la sensación de subirse a su moto por primera vez? Esa conexión entre máquina y ser humano, esa complicidad entre uno y otro…

Pero sobre todo, ¿quién no recuerda el momento de la firma del primer contrato con la aseguradora? Esa sensación de seguridad total tras haber realizado una profunda lectura de las cincuenta páginas del contrato… Esa sensación de control y entendimiento de cada uno de los tecnicismos empleados… Esa sensación de orgullo por haber podido negociar cada una de las cláusulas que, amablemente, nos proponía la aseguradora…

Algo falla, ¿verdad?

La evolución de la letra pequeña

Si utilizamos el sentido estricto del concepto de “letra pequeña”, es cierto que las aseguradoras ya no emplean esta técnica en sus contratos. Concretamente, desde la Sentencia del Tribunal Supremo del dos de junio de 2010, la jurisprudencia entendió que la utilización de letra pequeña en los contratos con aseguradoras supone la indefensión del asegurado por la utilización de cláusulas abusivas. Esta victoria se la debemos a la Organización de Consumidores y Usuarios, que fue la asociación que interpuso el recurso de casación.

Sin embargo, las aseguradoras aun cuentan con muchas herramientas para tratar de dificultar o entorpecer el entendimiento de determinadas cláusulas. Por esta razón, podríamos afirmar que, interpretando una idea más amplia del término, la letra pequeña no ha desaparecido, simplemente ha evolucionado.

En este punto, resulta oportuno recordar que el contrato de seguros es un contrato de adhesión, es decir, el asegurado se limita a firmar y no tiene capacidad de negociar la modificación de las cláusulas. Por una parte, es lógico que se permita a las aseguradoras la utilización de las mismas condiciones generales de contratación con un número elevado de clientes. Pero por otra parte, la Ley 7/1998 referente a estas condiciones generales, prevé una especial protección para el adherente frente a un posible desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes.

La ley protege a la parte débil de un contrato de seguros, pero la realidad nos muestra que la aseguradora sigue escondiendo varios ases bajo la manga.

Un ejemplo cualquiera

Planteamos una situación en la que cualquiera se puede ver involucrado: un simple accidente con lesiones leves e importantes daños en el coche.

¿Cuál será nuestra indemnización por los daños en el vehículo? Nos encontramos con el primer problema, el uso continuo de terminología confusa en lo relativo al valor del vehículo. La Asociación de Corredores de Seguros (ADECOSE) denomina a estas cláusulas “términos conflictivos” y además traslada al asegurado la responsabilidad de su conocimiento.

En muchos casos, las aseguradoras aprovechan este desconocimiento influyendo en la declaración del vehículo como siniestro total para que la indemnización simplemente cubra el valor venal del vehículo. Esto es, el valor del coche justo antes del siniestro valorado por la Asociación Nacional de Vendedores de Vehículos a Motor. No hace falta añadir que estas valoraciones suelen ser realmente bajas.

Pero las consecuencias del accidente no acaban aquí, el contrato que hemos firmado tiene una nueva sorpresa para nosotros. A partir del accidente, la prima del seguro puede aumentar hasta un 60% y, obviamente, la gran mayoría de aseguradoras muestran una escasa transparencia al respecto. Además, si decidimos buscar una nueva aseguradora, ésta tendrá acceso al llamado fichero SINCO, que registra nuestro historial de los últimos cinco años.

Solución: conocimiento y prevención

Muchísimos conductores se han enfrentado a situaciones similares y han descubierto que aquello que firmaron no era exactamente lo que querían. Es en ese momento en el que se aprende a desconfiar de la transparencia de estos contratos. Este artículo intenta que el conocimiento no llegue por una experiencia personal para prevenir futuros problemas desde el momento de la firma.

Pregunta siempre cuál es la penalización tras un accidente. Pregunta siempre cuáles son los límites de las coberturas. Pregunta siempre cualquier “letra pequeña” que dificulte y entorpezca la lectura del contrato para poder elegir la aseguradora que te ofrezca mayores garantías.

Finalmente, pregunta siempre si la aseguradora cubre los honorarios por la defensa jurídica de abogados externos especialistas en asuntos de tráfico. La cobertura de la Defensa Jurídica costeará los gastos de un abogado independiente que trabaja por y para la víctima, y que comparte su interés en maximizar la cuantía en concepto de indemnización.

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