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En ocasiones, el conductor que circula correctamente por una carretera se lleva la desagradable sorpresa de encontrarse con un riesgo adicional que no tiene previsto por culpa, única y exclusivamente, del estado de la misma.

Se produce un accidente porque el conductor encuentra un bache o socavón en medio de la vía, una grieta grande, una balsa de agua excesiva o una señal de tráfico que se ha caído y surgen las dudas. Toca determinar cómo se pueden reclamar los daños sufridos, a quién y de qué forma hacerlo. Aquí no tenemos un contrario culpable ni una aseguradora detrás, como en la mayoría de los accidentes.

Cuando circulamos por una autovía, autopista o carretera secundaria damos por hecho que cualquiera de ellas se encuentra en óptimas condiciones de seguridad para minimizar riesgos al volante que no dependan de nosotros.

España cuenta con más de 167.000 kilómetros de carreteras dependientes del Ministerio de Fomento, las Comunidades Autónomas o las Diputaciones, a las que hay que añadir las dependientes de los Ayuntamientos o de otros Organismos. Pero, no todas se encuentran en un estado adecuado para circular por ellas con absoluta seguridad. En ocasiones nos encontraremos con tramos defectuosos, con el consiguiente peligro que suponen para la circulación de los vehículos; del nuestro y de los del resto de usuarios de la vía.

Accidentes comunes en carreteras de mal estado

La mayoría de los accidentes que se producen en las carreteras españolas ocurren por algún tipo de intervención humana. Es decir, la culpa es de uno o varios conductores y las causas son muy variadas: desde conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, hasta con exceso de velocidad, distracciones con el móvil o no respetar las señales de circulación.

Sin embargo, puede ocurrir que el culpable del accidente sea el mal estado de la carretera. Una sorpresa que en la mayoría de los casos no esperamos, que no es fácil de esquivar y que tiene consecuencias. Bien en forma de daños materiales o, lo que es peor, con daños personales de mayor o menor consideración en el conductor, los ocupantes y otros usuarios de la vía que puedan verse involucrados en el siniestro.

En España tenemos la suerte de contar con una importante red de carreteras, gracias a la cual todos los puntos de nuestra geografía quedan fácilmente comunicados. Pero, por el contrario, la asignatura pendiente es su mantenimiento. Es de suponer que parte de nuestros impuestos van destinados a la mejora de las infraestructuras.

Sin embargo, la realidad es que la inversión destinada a reparar los desperfectos de la red de carreteras es escasa. Solo se toman medidas cuando ocurre algo o se llega a una situación de verdadero peligro para los usuarios de la vía. Hasta ese momento y debido a la falta de mantenimiento, los conductores tenemos que lidiar en nuestros desplazamientos a lo largo y ancho de la geografía española con baches, socavones, grietas y otros riesgos asociados al mal estado de las carreteras.

Cualquier conductor adopta medidas de precaución si se encuentra, por ejemplo, con un aviso de una carretera que tiene el firme en mal estado. Pero muchos desperfectos no están debidamente señalizados y no podemos prever encontrarnos con un obstáculo que no debían estar ahí, como un socavón o un bache pronunciado.

Autovías peaje VS convencionales: ¿Pagar por circular más seguros?

La discusión está servida entre los conductores que defienden las autovías de peaje frente a las carreteras convencionales y quienes, por el contrario, consideran que la red nacional es lo suficientemente buena como para no tener que pagar por circular por vías de peaje.

La principal razón que esgrimen los defensores de las autovías de peaje es que estas están más cuidadas y disfrutan de un mejor mantenimiento. Lo que ayuda a mejorar la movilidad y a reducir los atascos, especialmente en las entradas y salidas de las grandes ciudades.

El cuidado de las autovías de pago es mucho mayor que las convencionales. Cuentan con mejor mantenimiento del asfalto, menos curvas y una mejor iluminación y señalización que las carreteras convencionales. Son concesiones que hace el Estado a empresas privadas para explotar ese tramo de carretera y permitir que los conductores que paguen el peaje puedan disponer de una carretera sin atascos y en un buen estado de conservación.

Pese a las bondades de las autopistas de peaje, las estadísticas indican que uno de cada tres conductores no las utiliza para ahorrarse el tener que pagar por circular por ellas. Y otros muchos piensan que pagar por algo para lo que existe una alternativa gratuita no tiene ningún sentido. La polémica, pues, está servida.

No hay duda de que las carreteras de peaje ofrecen una seguridad mayor que el resto de las vías convencionales y que el riesgo de tener un accidente es menor. Cuestan dinero, sí, pero a muchos conductores les compensa por la comodidad de circular por ellas, el ahorro de tiempo en atascos y retenciones y porque son más seguras. ¿Usarlas o no? La respuesta depende de cada conductor y de que esté más o menos dispuesto a asumir el coste de la autopista de peaje.

Una ayuda para tener en cuenta si elegimos viajar por la autopista de peaje o por una carretera convencional, es preguntarse tres cuestiones antes de decidir el trayecto: cuál es más barata, cuál es más rápida, y cuál es más segura.

La carretera tiene la culpa de mi accidente: a quién y cómo reclamo

Si hay culpa, hay responsabilidad. Tal y como se recoge en nuestra Constitución, los particulares tendrán derecho a recibir una compensación económica por cualquier agravio que sufran en cualquiera de sus bienes y derechos, salvo en los casos de fuerza mayor, siempre que la lesión sea consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos.

Hasta ahí, todo claro. Pero el problema es acreditar la “culpa” de la carretera, porque muchos accidentes que se producen por el mal estado de las mismas no se pueden demostrar. Los momentos posteriores al siniestro son claves para tratar de acreditar cómo se ha producido el siniestro.

En esta línea, desde Legalcar recomendamos que ante un accidente por el mal estado de la carretera se llame de inmediato a la Guardia Civil para que levante un Atestado, se saquen fotografías del lugar, de la posición del vehículo accidentado y de la causa del accidente (sea un socavón, un bache o cualquier otro desperfecto) para demostrar la relación causal.

Además, los testigos presenciales ayudan mucho con su testimonio y siempre suelen detenerse vehículos en la carretera tras un accidente.

¿A quién reclamo en un accidente por mal estado de la carretera?

La reclamación de los daños sufridos en el accidente tiene que dirigirse a la entidad de quien dependa la carretera en cuestión. Puede ser a una empresa privada, que son las concesionarias de las autopistas de peaje, o una entidad pública, generalmente el Ministerio de Fomento o las administraciones autonómicas.

¿Cuál es la vía judicial para reclamar?

Si quieres reclamar los daños y perjuicios derivados del accidente que has tenido por el mal estado de una carretera debes tener en cuenta la jurisdicción a la que corresponde entender por este tipo de casos dependiendo del tipo de vía en la que suceda el accidente. Si se trata de una vía pública, la reclamación se llevará a cabo mediante un procedimiento contencioso, y si se trata de una carretera gestionada por una empresa privada, la vía jurisdiccional es la civil.

Estos procesos judiciales no son sencillos de tramitar y, sobre todo, son difíciles de ganar por la falta de pruebas en la mayoría de las ocasiones. También se demora mucho la tramitación de estos procedimientos sobre todo en la vía contenciosa. Es conveniente consultar el caso lo antes posible con un abogado especialista porque muchos de estos accidentes pueden provocar lesiones.