Qué es la invalidez por accidente

Qué es la invalidez por accidente

Cuando sufrimos un accidente de tráfico podemos sufrir daños personales, que pueden ser leves, y que aunque necesiten un tratamiento rehabilitador para curarse, el mismo sea compatible con nuestras ocupaciones habituales, y podamos acudir a trabajar, o hacer nuestra vida normal mientras tanto, y curen sin secuelas o con secuelas leves.

Pero en otras ocasiones las lesiones son de tal entidad que nos obligan a permanecer en casa o en un hospital de reposo, o inmovilizados, o incluso a dejar de trabajar y cogernos una baja laboral mientras nos restablecemos. Ello nos provoca una incapacidad, que puede ser temporal o permanente, o una invalidez asociada al accidente de tráfico sufrido, que puede ser de mayor o menor grado dependiendo de las secuelas que nos hayan quedado.

LA INVALIDEZ EN UN ACCIDENTE DE TRÁFICO

En nuestro país, un elevado número de lesiones incapacitantes tienen como antecedente un accidente de tráfico. Debemos tener en cuenta que en el caso de las víctimas de accidentes de circulación, una pensión por incapacidad permanente por un lado, y una indemnización derivada del propio accidente de tráfico son compatibles, es decir, que el lesionado va a tener a posibilidad de cobrar por ambos conceptos.

Otro dato a tener en cuenta es que muchos accidentes de tráfico ocurren o en la jornada laboral, o en el trayecto de casa al trabajo o viceversa (el llamado accidente in itinere), considerándose todos ellos accidentes laborales.

En relación al accidente de tráfico, la víctima podrá reclamar su correspondiente indemnización por responsabilidad civil, que se va a calcular utilizando el Baremo de tráfico correspondiente al año del accidente, y cuya cuantía va a depender del daño efectivo que se haya sufrido, la entidad de las lesiones, el tiempo de curación y las secuelas que nos hayan quedado.

Algunas veces esas secuelas que nos han quedado a consecuencia del siniestro, son de una gravedad suficiente para dificultarnos el desarrollo de nuestro trabajo o profesión habitual, o incluso para impedirnos en todo o en parte el ejercicio de la misma.

En estos supuestos la normativa permite, además de poder percibir la indemnización que nos corresponda por el periodo de sanidad y por las secuelas, cobrar otra indemnización por la incapacidad que nos haya generado el accidente de tráfico sufrido.

Los tipos de incapacidades que hay atendiendo a la gravedad de las secuelas, son:

  • Incapacidad permanente parcial para la profesión o trabajo habitual.
  • Incapacidad permanente total para la profesión o trabajo habitual.
  • Incapacidad permanente absoluta para la profesión o trabajo habitual.
  • Gran invalidez.

Para solicitar la incapacidad permanente o la gran invalidez, a nivel laboral, la víctima tendrá que hacer los trámites ante los organismos de la Seguridad Social, y el requisito que se pide es que el lesionado tiene que estar dado de alta en el Régimen de la Seguridad Social en la fecha del accidente. Tras los trámites oportunos se dictará una resolución, y el importe de la pensión va a depender por un lado del grado de incapacidad concedido y por el otro de la base reguladora del afectado.

QUÉ ES LA INVALIDEZ TEMPORAL

La invalidez temporal nos indica el periodo en el que a consecuencia del accidente de tráfico sufrido estamos temporalmente incapacitados para hacer nuestra vida normal, pero como su propia palabra indica, con el tiempo desaparece.

El supuesto más común seria el del lesionado que a consecuencia del accidente tiene que causar baja laboral. Esa baja puede ser más o menos larga, dependiendo del alcance de las lesiones sufridas, pero tras el alta la víctima puede regresar a sus ocupaciones habituales.

Dentro de la invalidez temporal están también los casos de lesionados que aunque no trabajen, si están incapacitados de manera temporal para hacer su vida normal. Ejemplos de estos supuestos serían las víctimas menores de edad que a causa del accidente no pueden ir al colegio, o las amas de casa, o los jubilados, o personas que no trabajan,  que a causa de su lesión tienen que permanecer en reposo, o sin moverse, y por tanto no pueden realizar sus ocupaciones diarias, por estar por ejemplo escayolados, o con una fractura de cadera que obliga a reposo absoluto, o con un corsé por una fractura de vértebra.

QUÉ ES LA INVALIDEZ PERMANENTE

Hasta el año 2016, para calcular la indemnización por incapacidad permanente, el Baremo distinguía claramente tres tipos de invalidez: la permanente parcial (caos en los que las lesiones dificultan la realización por parte del lesionado de su trabajo habitual, pero no lo dificulta en las funciones esenciales del mismo; la permanente total (son los casos en los que la víctima no puede realizar ninguna de las funciones de su trabajo habitual); la permanente absoluta (los supuestos en los que el lesionado tiene unas secuelas tan graves que no puede desempeñar ninguna profesión, ni la que venía realizando antes del accidente ni cualquier otra). Las indemnizaciones para cada tipo de invalidez permanente oscilaban en una horquilla de cantidades, siendo siempre motivo de polémica el justificar por qué se pedía una cantidad concreta dentro de esa horquilla.

Con la entrada en vigor del nuevo Baremo de Tráfico la nomenclatura y forma de cálculo, así como el importe de las indemnizaciones, ha cambiado sustancialmente, aunque en puridad los tipos de invalidez siguen siendo los mismos.

Ahora se denomina perjuicio personal particular por secuelas, estableciéndose que va a haber derecho a esta indemnización si se cumplen los siguientes requisitos:

  • Que una secuela funcional sea igual o mayor de 60 puntos o si son secuelas concurrentes al aplicar la fórmula correctora superen los 85 puntos.
  • Que haya secuela por perjuicio estético igual o superior a 36 puntos.
  • Que las secuelas supongan una pérdida de calidad de vida del accidentado.

La nueva normativa divide el perjuicio en cuatro tipos, que se equiparan a los supuestos que existían en el Baremo antiguo:

  • Perjuicio muy grave: el lesionado pierde su autonomía personal y no puede realizar las actividades básicas de la vida ordinaria.
  • Perjuicio grave: la víctima pierde su autonomía personal para realizar algunas de sus actividades esenciales, incluyendo la imposibilidad de hacer cualquier trabajo o profesión habitual (incapacidad permanente absoluta).
  • Perjuicio moderado: el lesionado no puede realizar gran parte de sus actividades ordinarias, incluyéndose la incapacidad para hacer su trabajo habitual.
  • Perjuicio leve: recoge el caso de lesionado con más de 6 puntos de secuela que no pueda hacer algunas actividades importantes de su vida habitual, o teniendo menos de 6 puntos no puede hacer todas las funciones habituales de su trabajo (incapacidad permanente parcial).

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