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¿Sabes qué es la responsabilidad civil extracontractual y cómo puede afectarte? Conoce qué dice el Código Civil sobre ella, los tipos y las formas de resarcimiento en caso de incurrir en ella.

Todos, en mayor o menos medida, sabemos que, si causamos un daño a otro, tenemos una responsabilidad que nos obliga a reparar ese perjuicio causado, y que se determina en función de muchos factores, como el origen, el vínculo con el tercero al que causamos daños, el tipo de perjuicio causado, y otros aspectos de muy diversa índole.

Sin embargo, existe mucho desconocimiento sobre los tipos de responsabilidad civil y su alcance, partiendo de la distinción entre la contractual y la extracontractual, y en este segundo caso, sus tipos y las consecuencias de incurrir en ella.

 

Artículo 1902: responsabilidad civil extracontractual Código Civil

Nuestro Código Civil recoge la responsabilidad civil extracontractual en el artículo 1902, que nos dice que “El que por acción y omisión cause daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado”.

La principal distinción con la contractual es que mientras en esta segunda lo que se vulnera es algo exigido en un contrato entre las partes (hay un vínculo contractual), en la extracontractual el daño se presupone, al margen de cualquier tipo de relación jurídica preexistente entre ellas.

Es decir, en esta última se ha omitido un deber de diligencia que provoca unos daños a la otra parte en sus derechos personales o patrimoniales, y que generan el derecho a percibir una compensación monetaria o a que se reparen los perjuicios causados.

Pongamos un ejemplo para distinguirlas: si me comprometo por contrato a entregar a la otra parte en un plazo concreto un producto, y no lo hago en el plazo pactado, la responsabilidad es contractual, pero si el producto no se entrega a tiempo porque en el trayecto hacia su destino ha ocurrido cualquier contingencia ajena a las partes que lo ha impedido, sería extracontractual.

Hay cuatro requisitos que deben cumplirse para que exista este tipo:

  • Tiene que producirse una acción u omisión (artículo 1902 CC)
  • Tiene que haberse causado un daño a un tercero a consecuencia de ello.
  • Hay que probar que ese daño es real y cierto y que se ha producido por esa acción u omisión (es decir, que haya una relación de causalidad).
  • Debe haber un criterio que permita imputar esa responsabilidad civil extracontractual.
    En cuanto al plazo para exigirla, es de un año, según determina el artículo 1968 del Código Civil.

 

Tipos de responsabilidad civil extracontractual

La responsabilidad civil extracontractual puede dividirse en dos clases: por hechos propios y por hechos ajenos.

  • Por hechos propios: nos tenemos que remitir a lo que indica el 1902 CC que ya hemos mencionado, haciendo referencia a hechos producidos por una persona, animales u objetos propiedad del responsable, y que puede clasificarse en dos:
    • Con carácter objetivo, que se produce directamente por la relación directa o causal entre la actuación del sujeto y el daño que se ha ocasionado.
    • Con carácter subjetivo, que se produce a consecuencia de la acción dolosa o culposa del sujeto en cuestión que provoca el daño.
  • Por hechos ajenos: en este caso hablamos de hechos producidos por personas de las que vamos a responder en caso de que produzcan daños (artículo 1903 del CC). Dentro de este tipo los casos más habituales en la vida diaria son:
    • Los progenitores, responsables de los daños que causen los hijos que se encuentren bajo su tutela.
    • Los tutores, que van a responder por los daños y perjuicios que provoquen los menores o incapacitados que estén bajo su tutela.
    • Los profesores, que responden de los daños que puedan causar sus alumnos menores de edad durante el tiempo que se encuentren realizando actividades escolares o extraescolares en el colegio o centro escolar bajo su control y cuidado.
    • Los empresarios, que son responsables de los daños que puedan causar sus trabajadores en el ejercicio de sus funciones profesionales o en el servicio por el que estén contratados.

Existen, no obstante, excepciones a lo anterior, una serie de situaciones que van a eximir de responsabilidad y por tanto de obligación de indemnizar por el daño causado, como pueden ser la legítima defensa, caso fortuito o fuerza mayor, la culpa exclusiva de la víctima o el consentimiento del perjudicado.

 

Formas de resarcimiento del daño causado

Como ya hemos visto, la responsabilidad extracontractual genera el derecho del perjudicado a exigir una reparación del daño o perjuicio causado, que puede realizarse de dos maneras:

  • La reparación “in natura” o de forma específica, que consiste en reponer el objeto dañado a su estado original, es decir, repararlo o sustituirlo.
  • La reparación pecuniaria o en dinero, que consistiría en el pago al perjudicado de una cantidad de dinero, que compense el daño sufrido. Si se trata de perjuicios patrimoniales la cantidad equivaldrá al valor económico del daño concreto sufrido, mientras que, si son perjuicios extra patrimoniales, la cantidad a pagar tiene que ser suficiente para que compense el perjuicio sufrido por el perjudicado.

Para compensar o indemnizar estos daños, se utilizan los seguros de responsabilidad civil, que van a cubrir los daños causados por el asegurado a un tercero, es decir, las compensaciones económicas por daños personales, patrimoniales o materiales, tanto del asegurado como de las personas de las que responde.

Hay seguros de este tipo para particulares o generales, por ejemplo, los seguros de hogar, y los hay para profesionales, como pueden ser los seguros para autónomos (obligatorios en algunas actividades como la industrial) o los seguros para empresas (directivos, administradores).

En resumen, siendo tan habitual que situaciones de la vida cotidiana de cualquier persona puedan provocar daños a terceros, la mejor manera de evitar sorpresas es contratar un seguro de responsabilidad civil que nos evitará problemas futuros y nos permitirá hacer frente a cualquier contingencia que pueda darse en el ejercicio normal de nuestro día a día y en el de las personas de las que respondemos.