900 901 450 / 637 637 637 - Teléfono gratuito

En LegalCar nos encontramos a diario con situaciones que son, permíteme que lo diga, muy extrañas. En realidad todo tiene una explicación, aunque en ocasiones siento que vivimos en la famosa serie de televisión de ciencia ficción que da temática a este artículo. ¿Quieres ejemplos? Sigue leyendo.

En ocasiones, vemos como las compañías “juegan” con los asegurados en su propio beneficio. La semana pasada cerramos un caso que podría estar en el Libro Guinness de los Récords de tramitación de indemnizaciones por accidentes de tráfico. Recibimos a A.P.R. en el despacho un caluroso día de septiembre. Ya habíamos hablado por teléfono, por lo que nuestra reunión en persona fue para conocernos mejor, recopilar toda la documentación y concretar cómo sería la reclamación. A.P.R ya traía una oferta de la compañía de 1.300€ por sufrir durante 25 días una intensa cervicalgia (según la interpretación de los médicos de la compañía de seguros). Nosotros, siguiendo los pasos que marca la Ley, tras terminar la reunión con A.P.R., enviamos vía Burofax la documentación médica completa de la víctima, documentación que ya tenían, pero que obligatoriamente tenemos que hacerles llegar de nuevo para reclamarles extrajudicialmente. Nuestra sorpresa fue que a los 22 días después, gracias a nuestro Burofax, A.P.R. estaba cobrando la cantidad de 3.456,12€. Es decir, un simple Burofax había conseguido que la compañía de seguros ofreciese casi tres veces más que la oferta inicial que le hizo a la víctima. ¿Por qué entonces no ofrecieron esa cantidad desde el principio? Cosas extrañas.

En otras ocasiones, no es tarea sencilla ponerse en contacto con el tramitador concreto que gestione el caso de un cliente en una compañía de seguros. Hace unos días nos pusimos en contacto con una famosa compañía de seguros, de cuyo nombre no quiero acordarme, para averiguar el estado de una reclamación que está en vía judicial civil y la compañía no da señales de vida. Una vez me ponen en contacto con el tramitador, le informo de la situación y su respuesta es un silencio. Un largo y gélido silencio. Debo preguntar si sigue ahí para comprobar si no ha colgado la llamada. Su cara debió ser un poema, pues se les había pasado el plazo para la Contestación a la Demanda por un fallo interno de comunicación. El tramitador no reconoció su error y me emplazó a otra fecha para que volviésemos a hablar. Días más tardes me llamó el abogado de la compañía para negociar un acuerdo a la baja. La cantidad que ofrecían era risoria, tanto, que sin consultar con el cliente la rechacé de lleno. Es decir, nos vemos obligados a reclamar la indemnización judicialmente sin que ellos den una señal de vida en todo el trámite extrajudicial amistoso (con la inversión de paciencia que ello conlleva), no contestan a nuestra Demanda dentro de plazo (después de ser requeridos judicialmente para hacerlo) y, cuando se dignan a aparecer en el procedimiento, nos hacen una oferta por teléfono que no se acerca ni de lejos a la realidad lesional del cliente. Cosas extrañas.