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En Legalcar nos gusta abrir nuestro espacio para que diversas organizaciones expresen su opinión, en esta ocasión tenemos como Blogger invitado a Enrique Ortega Marcos, Vicepresidente de la asociación sin fines de lucro Acera Peatonal (@AceraPeatonal), quienes bajo el lema de #TodosSomosPeatones intentan lograr una buena armonía entre ciclistas y peatones.

Dentro de las consignas que más destacan es como su nombre lo indica es que la Acera es peatonal, en la biografía de su blog indican “buscamos recuperar la acera para los peatones ante la invasión de ciclistas que las han tomado como terreno propio”. Además, en la biografía de su cuenta de Twitter hacen una muy buena reflexión: ¿Imaginas peatones y ciclistas juntos por una movilidad sostenible? Trabajamos por lograrlo

 

LA ACERA PEATONAL

@AceraPeatonal

Agradecemos, antes que nada, la oportunidad que LegalCar nos brinda de expresar los puntos de vista peatonales en su blog, pues en contra de lo que pudiera parecer normal por una simple cuestión estadística, escasean los medios, foros y organismos donde se escuchan y mucho menos se tienen en cuenta.

Felicitamos también a Fernando Díaz, de @Enbicivoy por su aquilatado y sensato artículo, cuyos consejos y pautas recomendamos encarecidamente seguir, tanto como ciclistas –en Acera Peatonal abundan los ciclistas veteranos- como en la vertiente que da sentido a nuestra modesta asociación; la defensa de las personas que pueblan el espacio público sin vehículo.

Nótese que acabo de expresar una definición que abarca algo (o mucho) más que el concepto de desplazamiento desde un punto A, a otro B. Así es: las personas a pie, paseamos, deambulamos, permanecemos estáticas cuando nos encontramos a alguna otra conocida, formamos corros, miramos escaparates o estamos en un banco de un paseo mientras nuestros hijos o nietos juguetean a prudente distancia.

Algunas de estas prácticas se han hecho peligrosas.

Es sabido (aunque parece que no muy conscientemente) que las personas a pie son las que transmiten y aportan seguridad en las ciudades; a ellas se les pregunta por una dirección o un restaurante asequible, de ellas esperamos auxilio en caso de caída u otro percance súbito que afecte a la salud o la integridad física, o que presten testimonio sobre algún accidente… Son, en suma, el prójimo más próximo, valga la redundancia.

La vitalidad y prosperidad urbanas tienen en los viandantes sus aliados imprescindibles

El modo peatonal de desplazamiento es, como también se sabe pero no parece terminar de creerse por parte de las administraciones, el más sostenible (y saludable) de todos: el que más beneficios colectivos aporta en términos de medio ambiente.

Precisamente por ello, nuestro país ostenta desde hace muchos años una posición envidiable en cuanto a movilidad sostenible (usos peatonales y ciclistas) se refiere: Efectivamente, la cantidad de desplazamientos a pie que se realizan en España es muy superior a la de países como Holanda, Dinamarca, Bélgica, Suecia, etc, lo que supone que, a pesar de que los desplazamientos en bicicleta son mucho más numerosos en esas naciones, conseguimos unos índices de sostenibilidad iguales o  superiores a estos países de referencia ya que, además,  el porcentaje de uso de automóviles es normalmente superior en esas latitudes.

Es claro que la costumbre de caminar está enraizada en nuestras costumbres, y en consecuencia nuestras administraciones deberían hacer todo lo posible por preservarla y fomentarla.

Contra toda lógica, no es así.

Es obligado en este contexto tratar el tema candente de los conflictos entre bicis y peatones en su cristalización más grave: los accidentes.

Los accidentes entre ciclistas y peatones sobre los distintos tipos de aceras representan un problema que no tiene visos de amainar, y se debe, sobre todo, a las políticas municipales de fomento de la bicicleta, que se implementan en detrimento de los peatones con persistente frecuencia: se instalan carriles bici sobre aceras, paseos y otros espacios peatonales con evidente riesgo para los viandantes y consecuencias, a veces, mortales; se permite la circulación de bicicletas por aceras (por ejemplo en Barcelona) y por calles peatonales. No sólo de bicicletas, tanto mecánicas como eléctricas (estas últimas con clara tendencia al alza, cada día más numerosas y de mayor potencia) sino toda suerte de “vehículos de movilidad personal” generalmente con motor.

Caminar, pasear, son prácticas que propician la reflexión serena, la conversación espontánea y la observación de nuestro entorno con la atención despreocupada –y por tanto capacidad crítica- del quien no conduce ningún vehículo.

Imponer a estos hábitos la tensión que implica extremar la vigilancia, especialmente si se camina con niños o con personas mayores, ante el riesgo latente y patente de encontronazo con un vehículo, significa un deterioro drástico de la calidad de vida vial para todos.

Llegados a este punto, es el momento de precisar un matiz importante:

Sacar las bicis, motos y toda la panoplia de vehículos con y sin motor que ruedan sobre las aceras y otros espacios peatonales, no solo debe hacerse porque “el peatón es el más débil”, que lo es y por tanto invadir su medio con un vehículo comporta un abuso de poder, pero si nos quedamos ahí parece que reducimos el problema a una cuestión humanitaria.

Ocurre además, que todo lo que signifique molestar, intimidar o poner en riesgo la seguridad de los peatones, desincentivando o disuadiéndoles de utilizar sus espacios, supone atentar directamente contra la movilidad sostenible en su encarnación más relevante, con enorme diferencia, de nuestro país: la peatonal. Constituye, pues, un acto anti-ecologista en toda la profundidad y extensión del término.

A todos estos inconvenientes móviles hay que añadir los estáticos, que no son pocos: terrazas que ocupan un espacio muy superior al regulado sin que termine de prosperar ninguna iniciativa para remediarlo; coches aparcados invadiendo la acera, aceras de dimensiones ridículas que encima sufren la instalación de farolas y señales de tráfico en medio de su exigua anchura, mobiliario publicitario, etc.

La carencia o escasez de elementos que favorezcan los usos peatonales, como bancos, arbolado, espacios verdes, de juegos infantiles o fuentes, también suma un factor negativo.

Ciertamente el catálogo de agravios y adversidades que sufrimos los que vamos a zapato, es amplio.

Los que afectan al peatón en las infraestructuras viales para vehículos –los atropellos en calzada, frecuentemente en pasos de cebra, son la principal causa de fallecimiento de los peatones por accidente de tráfico- merecen capítulo aparte, pero hoy se nos ha pedido que hablemos de aceras, y a ello hemos procurado ceñirnos.

Hasta cuando queráis y gracias por leernos

Enrique Ortega Marcos

Vicepresidente de Acera Peatonal